El propósito de este breve trabajo es el de identificar dos construcciones discursivas del significante “democracia”, presentado por formas de interpretación encontradas, una arraigada en la forma tradicional de la modernidad y otra que rompe con el registro epistémico anterior y que reinterpreta dicho constructo. La primera interpretación se enarbola por la idea de la democracia procedimental mínima y la segunda, apenas se está formando a partir del entendimiento de lo que debe ser la democracia, partiendo de la interpretación de dos movimientos sociales: Occupy Wall Street e Indignados México. Antes debo problematizar y establecer la naturaleza discursiva del término, objetivo que trataré de hacer en la primera parte del ensayo, para después pasar a desarrollar ambas interpretaciones.
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El consumo simbólico de lo pop

Afterpop Fernandez & Fernandez spectáculo de spoken word a cargo de Agustín Fernández Mallo y Eloy Fernández Porta
A propósito del ensayo de Eco (1965) Apocalípticos e Integrados, en donde distingue dos códigos culturales: el de la alta cultura, necesariamente elitista, y la baja cultura, producto de las industrias culturales para un público popular y basada en el consumismo sin freno. Eco nos explica dos percepciones, dos horizontes interpretativos, de la cultura de masas; una negativa y otra positiva. La primera indicaría una aproximación desde el pesimismo frankfurtiano, (Adorno y Horkheimer, 1979) postulación que consideraría lo “popular”, lo masivo, como espacio de dominación y aletargamiento de la sociedad industrializada moderna; el público no es más que receptáculo de las formas culturales formadas desde las industrias mecanizadas provenientes de Occidente. La segunda perspectiva haría referencia a espacio de democratización y accesibilidad a las nuevas formas de producción de contenido simbólico (McLuhan, 2000).
Cultura Democrática.
En Democratización: Teoría y Experiencia, Whitehead nos muestra los límites y alcances del significante “democracia”. Vemos una suerte de dislocación entre lo presupuesto teóricamente por la democracia y sus asegunes originados de la experiencia empírica. Mediante una perspectiva histórica y constructivista, Whiteahead nos hace ver lo que se ha negado por tanto tiempo: la democracia no es más que un discurso ideologizante que detenta ciertos valores políticos. Whitehead se defiende contra el relativismo, estableciendo ciertos límites estructurales, los cuales se anclan en el conocimiento práctico y en filtros deliberativos (2011). Podríamos llegar a considerar que lo que Whitehead hace como una suerte de hermenéutica del concepto democracia y como buen hermeneuta, el autor no se permite flotar a la deriva, lejos del concepto del que parte.
Mijail Bajtin (Fragmento)
En este breve comentario bajtiniano, espero que mi lector me disculpe por abrir un brevísimo paréntesis, en el cual me alejaré un poco de la tónica seria que permea cada eslabón de un trabajo de investigación. Si se me permitiré abandonaré el aire solemne que emana de cada una de las páginas de este humilde trabajo y me moveré a vientos más cálidos y así encontrarme con el pensamiento del ruso Mijail Bajtin. Y es que el pensamiento del ruso, es un tanto más juguetón, si se me permite la palabra; busca los recovemos para esconderse, se infiltra en esas pequeñas hondonadas que nadie ve y se anida en las sombras más insignificantes de las estructuras de la sociedad occidental.
Un grito desesperado o Destellos de simpleza.
Dicen los que saben que la generación Grunge y la generación de los Poetas Malditos, no deben ser reconocidas sobre la base de sus méritos estilísticos en sus disciplinas, sino que en realidad se les debe reconocer como señales de transformaciones sociales. Estas doctas opiniones nos dicen que los méritos de ambas generaciones son muy pocos o casi nulos, al menos en cuanto a la estética se refiere. Casi todos los grandes críticos nos dicen que tenemos que rescatar ambos movimientos como un fenómeno social y no tanto como corriente estética.
Trekkies: una propuesta de analítica para cine documental
Este breve comentario tiene como objetivo presentar una propuesta metodológica para el análisis del documental Trekkies (Nygard, 1997), largometraje que retrata el papel de la mitología de Star Trek (Roddenberry, 1966) en la vida de los adeptos a esta franquicia. Mi propuesta tiene como fundamento la metodología de Geertz en La interpretación de las culturas (1992) y de Turner en La selva de los símbolos (2007). Y más allá de mencionar que trataré el documental como un texto, en estas líneas explicaré como estudiaré ese texto.
Breve comentario a Geertz
En La interpretación de las culturas, Geertz nos muestra una nueva forma del quehacer antropológico. El autor desafía los presupuestos clásicos de ésta ciencia y por medio de las narraciones de su trabajo de campo promueve una idea radical en su momento: observar los fenómenos antropológicos como textos. Lo anterior nos invita a pensar en un cambio en la formación epistemológica sobre la cual se yergue la ciencia antropológica; el objeto de estudio deja de ser claro, definido e independiente del observador para ahora comprenderse como una entidad un tanto más difusa y formada a partir de la vista del estudioso de la cultura.
Propuesta de algo llamado Estudios Simbólicos
Antes de comenzar propiamente este humilde comentario, debo señalar que este texto no es más que un producto del ocio y de mis inquietudes intelectuales. Esto es más un ejercicio para aclarar mis ideas que una propuesta formal de diseño curricular. Mis indeterminaciones y vacíos en mi propio pensamiento me compele a llevar a cabo un ejercicio como este. No pretendo que se me tome en serio y dicho sea de paso, mi única formación en diseño curricular es lo poco o mucho que he aprendido formando los planes de estudio para una universidad en plena formación. Es por esto que pido la compasión de quienes se desempeñen profesionalmente en este campo.
De perros y gallinas
Alguna vez una amiga de ascendencia española me comentaba: “Un perro, aunque criado en un gallinero, sigue siendo un perro”. Ella se refería a sí misma, aunque mi amiga había sido criada en México, proclamaba que toda su formación y cultura era española. Este es uno del os hilos conductores que guían nuestra relación, ella defendiendo su herencia española y abjurando la mexicana y yo queriéndole hacer ver que también es mexicana. Y no me malinterpreten, no es por un nacionalismo mal infundado arraigado en el tan celebre: “pinches españoles, nos vinieron a conquistar”. Reconozco las herencias indígena y occidental en la conformación de nuestro México, pero sobretodo, reconozco que nuestra identidad nacional no es ni española, ni indígena; somos cosa aparte y debemos reconocernos como tal. Lo mexicano poco tiene que ver con lo español y lo prehispánico; como toda identidad en el mundo, somos producto de la mezcla.