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Hikikomori y sintoísmo: vivir y no explicar.

Hikikomori_,_Hiasuki,_2004 En otro lado[1] he argumentado que los acontecimientos políticos que Tilly llamaría política contenciosa[2],  responden en gran medida al metarrelato que la sociedad en cuestión ha construido de sí misma.  Al respecto, no es igual la contención entre el Occidente dividido,  la tradición latina y la tradición anglosajona;  mucho más distanciadas serán las formas de expresión de las contenciones orientales y occidentales.  Sin embargo, me detendré aquí un momento.  He dicho que la contención depende del metarrelato social.  Es claro el relato ideológico que Occidente sigue. La razón  sumergida en cada aspecto de la vida. ¿Cuál es, entonces, el relato oriental?  Si bien identificamos un Occidente dividido en dos grandes tradiciones, Oriente resulta más complejo. Por un lado encontramos la tradición islámica cuya correspondencia con la identidad árabe ha sido profunda pero no del complementaria. Es decir, no todo árabe es musulmán ni todo musulmán es árabe.  Luego encontramos las tradiciones budistas ubicadas en  la  India, el sureste asiático, China y Japón , esto sin olvidar con las tradiciones culturales del sintoísmo en la isla del sol naciente y el hinduismo en el subcontinente indio.  El elemento nacional suma complejidad a las identidades ya mencionadas, de tal forma que es más complejo delimitar ramas de identificación cultural definidas.

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Mi propuesta sobre la sociedad

La noción es simple: construir un puente rizomático -múltiple y multidireccional-  desde la filosofía delueziana, pasando por la construcción de acuerdos,  primero habermasianos  y luego luhmanianos; para finalizar en la formación comunicativa de la sociedad. Pareciera una tarea titánica, particularmente porque ninguno de estos autores tiene mucho que ver entre sí, al menos no de primera vista. Sin embargo, si parto de las consideraciones realizadas en mi trabajo de maestría, nos podremos dar cuenta que no es más que un mismo camino.

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Nada y el Cielo

Su piel de leche se derrama en mi cama.

El cabello de ocre inunda mi almohada.

¿Qué otra perfección podría capturar la vista humana?

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Dios juega a los dados

Mallarmé dice que jamás abolirás el azar. Tiene razón

Yo nací.

Natalia murió.

Manuela vive en otro continente.

No sé que sea de Karla

Y Anakaren ya pasó.

Claro, Dios juega a los dados. Un golpe de suerte.

El peso del mundo

¿Has sentido el peso del mundo en tus hombros? Creo que yo sí. No  estoy del todo seguro. No sé si se trataba del mundo o de la rutina de ejercicio que  apenas había terminado hace una hora. Me gusta pensar que en aquella noche me  di cuenta de lo que se cierne sobre nosotros: el mundo  y la vida, el peso de nuestras decisiones.

Sin importar lo que fuera, me provocaba un malestar generalizado en el cuerpo  y en el alma. Se me dificultaba manejar. Las calles del fraccionamiento  parecían  que fueran parte de algún circuito a campo traviesa.  Girar el volante  quemaba los músculos y unas pocas de lluvia chisporroteaban por el marco de la ventanilla. Mi mano izquierda sostenía un cigarro y la derecha hacía lo posible por mantener el curso.  Todo  estaba tranquilo cerca de la medianoche.  Aquella historia que hace poco conocí, me revoloteaba por la mente.

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Verano

ImageDesde hace unos meses he tenido cierto sentimiento de nostalgia. Cómo si algo se me hubiera perdido y por más que busco en mi cabeza no recuerdo que pueda ser. La melancolía me invade  y lo único que logro es ponerme más triste. Así se me van los días del presente verano. ¡Qué mala época para estar triste! En verano revive la esperanza de lo que no ha sido, es la época cuando los niños juegan y todo reverdece. Para los estudiantes las posibilidades son infinitas y para quienes enseñamos hay un respiro de nuestra vocación. En general, podríamos decir que en verano el mundo se ve bajo otra luz. Eso es lo que vuelve triste mi situación. De alguna forma he convertido al escenario del porvenir en teatro de lo que ya pasó.

Noté mi depresión por primera vez hace unas semanas.  Estaba caminado por las calles de Valle Dorado con un sol resplandeciente que no llegaba a quemar del todo pero el aire caliente llegaba a los pulmones. El mundo se volvía lento pero bello. La luz tocaba cada elemento del escenario suburbano. Caminaba el kilómetro que separa mi hogar de la Comercial Mexicana. En las tardes resplandecientes me gusta caminar y perderme por las calles de mi colonia; siempre me ha parecido un recorrido muy lindo. Todo quieto sin saber que pasa dentro de las casas. Creo que es algo más cercano a una terapia. De cualquier forma trato de hacerlo frecuentemente, aunque la tentación en forma de automóvil me termina convenciendo en la mayoría de ocasiones. Pues bien, esta vez no fue así y caminé bajo el sol de Julio.

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¿Modernidad o Posmodernidad?

Elegir entre posmodernidad y modernidad es elegir entre dos formas de registro de conocimiento distintas: una que usa unidades de pensamiento tales como desarrollo, evolución y tradición, por conceptos de discontinuidad como ruptura, umbral y transformación (Foster et al, 2006). Sin importar la liquidad de las expresiones del registro moderno, siempre se estaría actuando bajo este registro. La posmodernidad no trae un registro epistemológico, sino posibilidades de alejamiento, rompimiento y de repensar el registro tradicional.  Sin olvidar que tanto modernidad como posmodernidad  hacen referencia  a  formas de producción y representación   siempre  bajo el entendido que el contexto muestra particularidades que no se pueden categorizar propiamente como una o la otra.

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