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La nada como experiencia de trascendencia

 

Introducción.

¿La experiencia de la nada puede ser interpretada como experiencia de trascendencia? Esta es la pregunta que se buscará responder en este breve ensayo. El cuestionamiento surge de la preocupación de explorar una experiencia trascendental que no implique necesariamente a Dios. Reconocemos a la experiencia trascendental como una de las experiencias básicas del hombre  y debemos de entenderlo como  ser que busca la trascendencia[1]. Dicho de otra manera, en este brevísimo ensayo, buscaremos entender al hombre que busca una trascendencia y esta elección profundamente antropológica es la que guiará la argumentación y la respuesta que trataremos de dar.

Dice el filósofo japonés Nishida Kitaro[2] que experimentar algo es “conocer hechos tales y cómo estos son, conocer de conformidad con hechos renunciando por completo a las propias elaboraciones”[3]. De tal suerte que experimentar es conocer, sin ninguna forma mediata de concepto. El pensar establece categorías, con la experiencia pura[4] sólo se experimenta propiamente hablando sin hacer juicios o categorizaciones de cualquier tipo. Posterior a esta operación y una vez interiorizada la experiencia,  el sujeto se conforma y no de manera aislada en solipsismo de la razón, sino siempre abierto y en referencia con aquello que experimenta, ya sea otro sujeto, el mundo o cualquier otra cosa. La experiencia, diría Nishida,  es anterior al sujeto y al objeto mismo; la experiencia le da vida a ambos[5].

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El Saber y la Cultura

En este brevísimo comentario, nos daremos a la tarea de responder tres preguntas puntuales que nos parece, son el eje coordinante de la argumentación de Max Scheler en El saber y la cultura. Si bien en esta obra, Scheler se da a la tarea de matizar tres ejes temáticos: el hombre, la cultura y el saber;  se percibe, desde nuestra opinión; la totalidad del pensamiento scheleriano, o al menos, sus elementos más importantes. Percibimos en esta obra un trabajo en el que las piezas han embonado a la perfección, hecho que se vuelve complicado cuando se revisan títulos más específicos de la obra de Scheler como El hombre del puesto en el cosmos  y La sociología del saber. En El saber y la cultura, nos parece, que hay una suerte de vista panorámica en la cual el mismo Scheler nos indica qué lugar va cada pieza  y percibimos que el espíritu es la piedra angular de toda la argumentación e inclusive nos atreveríamos a extender el lugar del espíritu como el fundamento del pensamiento scheleriano. Por  último, en esta breve introducción, nos gustaría indicar que el espíritu, en tanto fundamento del hombre mismo, será el camino mismo para elevar al hombre en persona, por lo que en la obra en cuestión, Scheler nos explica la manera en que podemos participar de él, cuáles son sus manifestaciones y la manera en que podemos conocerlas. En tanto nos eduquemos en las cosas del espíritu  nos volveremos más humanos.

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Una forma de entender la sociología desde Scheler

Alfredo Poviña, en  La obra sociológica de Max Scheler[1], propone dos momentos del trabajo de Scheler, el primero, meramente filosófico, en el que trata temas como su ética, la filosofía del conocimiento y los fundamentos antropológicos del hombre. El segundo momento, de corte más sociológico, dejaría ver una preocupación por la constitución social del conocimiento y de la cultura. Poviña[2] establece claramente que el segundo momento es consecuencia directa los planteamientos del primero. En ambos momentos, la manera de experimentar el mundo y conocerlo establecería tanto los fundamentos mismos del hombre como de la sociedad. De esta manera la correlación entre filosofía y sociología en Scheler  se da por medio de una aproximación fenomenológica a la cuestión de la constitución del hombre visto desde una doble dimensión: como ser que conoce y ser que comparte ese conocimiento, esta última formando parte del proceso de humanización que Scheler  denominaría cultura[3].

 

El objetivo que se plantea este breve ensayo será contestar tres cuestiones puntuales desde la perspectiva del pensamiento de Scheler, entendiéndolo bajo la relación arriba mencionada entre hombre y sociedad. A saber, las preguntas  a contestar serán las siguientes: ¿cómo construye Max Scheler su argumento para demostrar qué significa el hombre?,  ¿qué significa para Max Scheler que el hombre se debe humanizar? Y finalmente, ¿qué tipo de saber necesita el espíritu para cultivarse?  Para contestar estas cuestiones se tendrá que remitir al entendimiento que Scheler tiene sobre la sociología:

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Logos y mito

En La Nariz de Nicolai Gogol,  el barbero Iván Yakovlievich, tras cortar su desayuno, encuentra  una nariz. La reconoce de inmediato, es propiedad del  mayor Kovalev. El infortunio une a tres voluntades: la del barbero, la del mayor y la de la nariz. En efecto, las tres buscan su propia libertad. No es más que una lección de libertades truncas a partir de la propiedad y el estatus. En la sociedad rusa del siglo XIX, el estatus perdido por la desaparición de una nariz, resulta ser algo impropio de un caballero e insólito para la mente racional.  En el cuento de Gogol, nos sorprendemos al encontrarnos a una nariz con mayor posición social que la de su antiguo dueño, distinguido y digno, lo observamos rezando en la catedral de Kazán. Ante  el desconocimiento de la nariz por su dueño, Kovalev y nosotros, nos quedamos perplejos por la seguridad con la que el distinguido señor, la nariz, niega todo conocimiento de las aseveraciones de Kovalev: Señor, usted es mi nariz. Kovalev pierde de vista al caballero-nariz y sale descorazonado. La siguiente vez que encontramos a la nariz, es entregada por un policía a casa del mayor pero ante la incapacidad de pegársela al rostro, el mayor sigue en desdicha. Inclusive un doctor sentencia: mejor déjelo así, de lo contrario, podría ser peor. No es hasta el 7 de abril que una nariz aparece sin más en el rostro del mayor Kovalev, quien recobra el goce de la vida. El deseo se ha cumplido y Kovalev se deja ver en todos los lugares propios de la alta sociedad peterburguésa.

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De musas y promesas.

Porque soy estudiante

caminante de esta gran ciudad

“Estudiante Caminante”,

La Banderville

De musas  y promesas, de relatos y funerales. Es lo que te pasa por la mente cuando la pluma, cual navaja filosa que es, desgarra los silencios de la hoja en blanco y abre nuevas puertas a mundos insospechados. La tinta y la sangre corren. Todo brota, bien lo has de saber. Antes fuimos uno y ahora, nos separamos en varios. De musas y altercados, de profundidades y corazones negros. Así somos por medio de la escritura.

Mi historia comienza una tarde de diciembre, de esas cuando todo está en silencio y se siente el invierno cerca. No hay un alma en las calles y pareciera que todos se han metido a sus casas a reflexionar. Hemos sido invento de mentiras que atraviesan nuestros cuerpos.  Nuestros pensamientos, fugaces criaturas de mentes inciertas, nos arropan en momentos de ausencia. Así es la soledad cuando uno escribe.

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Economía creativa, emprendimiento social y desarrollo: prospectiva de creación de soluciones sociales.

Economía creativa, emprendimiento social y desarrollo: prospectiva de creación de soluciones sociales.

Abstract

El propósito del presente documento formará una línea argumentativa entre  las tendencias de las economías creativas pensadas como instrumentos de desarrollo específicamente hablando en esquemas de emprendimiento social. Al respecto, esto marca tres instancias importantes: herramientas, estrategias y objetivos. Dicho de otro modo, las estrategias serán generadas a partir de las disciplinas de las economías creativas para incrustarse en planes de emprendimiento social para lograr desarrollo. Pareciera una objetivo titánico, sin embargo, a últimos años se han diversificado en gran medida los programas sociales que usan herramientas creativas para alcanzar metas de desarrollo.  Si bien dichos programas han sido enmarcados  en grandes políticas públicas,  la descentralización de dichas herramientas, en mi opinión; tienen mayor capacidad de movimiento frente a las grandes políticas de administración cultural, además que le otorgan capacidad reflexiva al involucrado.

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Fragmentos y Experimentos IV: Suicidio

De verdad perdónenme, sabía que estaba  mal pero aun así lo hice, no pensé que fuera tan grave. No puedo decir que no fue mi intención, porque sí lo era,  además me atraparon y no pensé que esto pudiera pasar. Por favor discúlpenme. Sé que eso no se le hace a una muchacha y menos a una prima. Me siento de verdad apenado y no puedo voltear a ver a la cara a nadie. Quisiera decir que aprendí de mis  errores pero la verdad es que no es cierto, intenté algo semejante con una alumna y me terminaron corriendo. Llevo más de un año desempleado por mi tontería y me sigo sintiendo avergonzado.  No puedo ver al espejo, cada vez que pienso en eso un escalofrío me recorre la espalda y me quiero esconder como el niño que soy. Por favor, perdónenme  pero sé que soy una persona asquerosa y no merezco su perdón por eso es mejor esta decisión. Van a estar mejor sin una persona como yo. Quisiera ser la víctima pero muy bien sé que el malo soy yo, así que no hay otra cosa por hacer. Van a estar mejor sin mí.

Adiós.