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DE LA TEOCRACIA A LA DEMOCRACIA CRISTIANA: EL PAPEL DE ALEMANIA COMO MEDIADOR EN LA CRISIS NUCLEAR IRANÍ

Este es un artículo que arme para Razón y Palabra en su número 62, mayo-junio de 2008

La problemática suscitada por el reestablecimiento del programa nuclear iraní en 2005, se ha visto acentuada por la oposición de las diferentes potencias occidentales frente a su actividad nuclear. Más allá de un conflicto por la amenaza mundial que podría representar el programa nuclear de Irán, nos enfrentamos a una lucha por la supremacía armamentista, una lucha en la cual las hasta ahora potencias, no quieren ser desplazadas.

La forma en la cual los diferentes actores responden a las acciones implementadas por los contrarios es justificada por esta nueva carrera por dominar el mayor número de esferas posibles. La inminente caída de los Estados Unidos de un pedestal único de influencia mundial y del estatus de potencia que gozó por mucho tiempo, es la causa de su paranoia mundial; en consecuencia, este país sólo examina las causas que lo lleven a encontrar el mínimo pretexto para justificar por todas latitudes una forma de intervención en países extranjeros.

Una nueva posibilidad se presenta en el escenario internacional: el surgimiento de alternativas al orden internacional guiado por Estados Unidos. Es bajo esta oportunidad que Europa puede alcanzar el tan anhelado estatus de alternativa a EU y reclamar su papel histórico. Sin embargo, Europa necesita a sus líderes, conjugados en las figuras de los tres grandes de Europa: Alemania, Reino Unido y Francia. Sólo en la medida en que los líderes europeos reclamen un papel más protagónico en crisis internacionales, podrán convertirse en un verdadero contrapeso a EU. La controversia que surge a partir del reinicio del programa nuclear iraní resulta una oportunidad perfecta para hacerlo y aprovechar su ventaja estratégica de Europa: su carácter más conciliador.

Ahora bien, la preocupación de las potencias occidentales, tanto de EU como de Europa, radica en el enriquecimiento de uranio en Irán y su posible implementación en la producción de armas nucleares. Irán argumenta que su programa nuclear es un esfuerzo por el desarrollo de tecnología nuclear con fines pacíficos; este proyecto consiste en varios sitios de investigación, una mina de uranio, un reactor nuclear, y algunas facilidades de procesamiento de uranio que incluyen una planta de enriquecimiento. El gobierno de Mahmud Ahmadinejad reinició el programa en 2005 y asegura que el único objetivo del mismo es generar 6000 MW de electricidad por medio de las plantas de energía nuclear para el año 2010.

En este sentido, el problema radica en la desconfianza de las potencias ante los argumentos iraníes para desarrollar energía nuclear y, por otra parte, en que Irán considera que el intento de algunas de las potencias de suspender su programa nuclear es ilegal, ya que el país está apegado al tratado de no proliferación y en teoría no debería representar ningún peligro en cuanto al desarrollo de armas nucleares.

Sin embargo, tanto la desconfianza como la condena hacia el programa de enriquecimiento iraní pueden ser transformadas. Alemania puede guiar esta transformación, Berlín puede instar a Londres y a París a tomar un nuevo rumbo con respecto a Irán. Alemania forma parte del bloque negociador denominado como La Troika, conformado por los tres grandes europeos: Alemania, Reino Unido y Francia. Alemania, como parte de este grupo, comenzó a negociar con Teherán desde 2003. Sin embargo, debido a las fallas de las propuestas europeas –que concentraban los costos del acuerdo en la parte iraní-, este país se retiró de la mesa de negociación en 2005.

En síntesis, la propuesta de la Troika es que Irán abandone su programa de enriquecimiento de uranio. Su gran falla es la carencia de alternativas lo suficientemente fuertes como para que el gobierno iraní llegase a considerar el abandono de su programa nuclear.

Por otra parte, la cerrazón del gobierno iraní a cualquier propuesta, -ya sea viable o no- ha vuelto inútil cualquier intento de acercamiento por parte de la Troika, dificultando la negociación con carácter de ganar-ganar (Revilla, 2008). En consecuencia, en la relación entre Irán y la Troika existe una trabazón, la cual impide que se llegue a cualquier acuerdo. La Troika considera que Irán es intransigente, por lo que ahora asume una postura más reacia y promueve que el Consejo de Seguridad imponga sanciones. En el lado contrario, Irán mantiene la negativa de cesar su programa nuclear, y como respuesta al endurecimiento de la política de la Troika, Irán lo hace también. Con la amenaza de las sanciones del Consejo de Seguridad, Irán reta al Occidente.

Si bien Alemania, como parte de la Troika, mantiene una postura escéptica y ve con malos ojos el programa nuclear iraní (a tal grado que Berlín ha considerado establecer sanciones ante la falta de cooperación de Teherán), la postura alemana se presenta más conciliadora que la de otros actores, como Estados Unidos. Esta diferencia se comprende mejor si consideramos que resulta poco probable que Teherán realice una acción ofensiva contra, ya que la postura alemana busca el acercamiento de las partes en conflictos.

La elección de Alemania como país líder en la conciliación entre Teherán y el Occidente resulta lógica. Londres se encuentra demasiado comprometido para siquiera moverse en una dirección distinta a la de su poderoso aliado estadounidense, inclusive si así lo desea; solo se debe recordar la incursión de tropas inglesas en Irak, aunque Blair no estaba de acuerdo. Por otra parte, en fechas recientes, París se ha acercado mucho a EU, perdiendo credibilidad como alternativa a la hegemonía de Washington, doctrina que era principio imperante de la política exterior francesa; adicionalmente, Sarkozy no es percibido como un verdadero líder.

El vacío de interés y la incapacidad por lograr una resolución distinta a la propuesta de Washington, abre una ventana a Berlín para proponer una solución conciliatoria, permitiendo a Londres y a París, no mellar sus relaciones con Washington. Aunque Alemania también mantiene una alianza con EU, no se encuentra tan comprometido con Washington, logrando así un mayor campo de acción.

La aproximación alemana al conflicto, refleja la percepción misma del problema. A diferencia de Estados Unidos, Alemania se preocupa por la posible desestabilización en la zona, mientras que EU percibe a Irán en sí mismo como una amenaza a la seguridad internacional. Es decir, Berlín no ve a Irán como la amenaza: la amenaza reside en un conflicto bélico. Debido a este percepción, Alemania, y en general la Troika, es uno de los actores más interesados en una resolución diplomática, por medio de la construcción de puentes de entendimiento.

Los intereses de la Troika residen en evitar desestabilización en la zona y en desarmar la potencialidad de Irán como una amenaza internacional, por lo que han focalizado sus propuestas en la negociación diplomática. La Troika, al parecer, es el bloque más interesado en una resolución pacífica, a diferencia de EU, quien considera la posibilidad de una acción militar. Así mismo, el bloque europeo es quien promueve la resolución de la crisis mediante la suma positiva y la negociación ganar-ganar. Particularmente Alemania, tiene intereses energéticos, ya que mediante la construcción de oleoductos y gasoductos, desde el mar Caspio directamente hasta Europa, puede diversificar el consumo de energéticos, logrando de esta manera, una mayor independencia energética de Moscú.

Con miras a lograr la ganancia de las partes implicadas, es posible plantear una solución a mediano plazo, la cual a su vez, podría aliviar las tensiones entre la Troika e Irán. Esta propuesta, se concibe solo como un mecanismo para acercar a las partes y no se considera como solución definitiva a largo plazo.

Mediante un estudio comparado de política exterior y de toma de decisiones, se puede entender la percepción del conflicto e inclusive el entendimiento del mismo. Si se toma el enfoque de política exterior comparada, se reconocerán tanto constantes como variables, las cuales influyen en el proceso de toma de decisiones de los actores. Son los reconocimientos de la existencia de estas variables y constantes, las cuales proveerán el puente de entendimiento entre las partes.

Constantes tales como la seguridad, la búsqueda del poder, estabilidad en la zona, zonas de influencias, hegemonía, entre otros temas; se encuentran en la mente de los actores y son tomadas en cuenta cuando definen su actuar. Por otra parte, estas constantes son modificadas por los factores variables, los cuales, son las especificidades de cada actor. Se pueden considerar entre estos modificadores elementos como la posición geopolítica, capacidad de negociación, crecimiento y desarrollo socio-económico, cultura nacional, capacidad militar, entre otros.

La cuestión principal es que de alguna manera, los actores involucrados aprecien las percepciones de los otros y reconozcan las similitudes en sus intereses como las diferencias en sus estrategias. Para lograr lo anterior, se deben alcanzar dos objetivos: el primero puentes de comunicación directa y eficiente, entre los aparatos burocráticos de los involucrados. En un segundo término, que los actores conciban como inviable el uso de la fuerza como posible resolución del conflicto.

El primer objetivo, se puede obtener por medio de Alemania y la Troika. Berlín, como ya se ha mencionado, mantiene una postura conciliadora con EU e Irán. Esta posición, le da cierta ventaja para acercarse a ambos estados. Berlín podría fungir moverse bajo la figura de los buenos oficios entre ambos estados en disputa. El ideal sería una comunicación directa entre Teherán y Washington, a modo de la hotline entre Washington y Moscú, durante la Guerra Fría; sin embargo, existen tensiones muy fuertes todavía entre Washinton y Teherán, por lo que el eje Londres- París-Berlín, sería una hotline con capacidad responsiva y de contención. Reconocemos que la desventaja sería la ineficacia de los aparatos burocráticos entre los distintos estados, la cual podría complicar la comunicación e incluso retrasarla, por lo que se podría crear un equipo temporal encargado de que fluya la comunicación constantemente y de buena manera. Para comprobar la viabilidad de esta estrategia, se tiene el ejemplo de la crisis de misiles cubanos, en la por medio del uso de la comparación de la toma de decisiones y de la política exterior, soviética y estadounidense, se logró llegar a un acuerdo, y como resultado la instauración de la hotline directa entre Moscu y Washington.

El segundo objetivo se puede alcanzar de nuevo gracias a la mediación de Alemania y la Troika. Alemania, deberá exponer las razones por las cuales resulta inviable el uso de la fuerza, lo cual además, significaría la pérdida para todos los involucrados. No sólo desde la perspectiva de los liberales defensivos, quienes indican que los costos de una incursión bélica, superan a los beneficios; Alemania deberá realizar un analisis prospectivo de los posibles escenarios, si se elige la resolución bélica. A la usanza de la Guerra Fría, el desaliento surge por una reconfiguración de la idea del Mutual Assure Destruction, en la cual si bien no se da por un ataque nuclear entre EU e Irán, se daría por una invasión a Irán y EU como blanco de ataques terroristas de extremistas islámicos. Es trabajo de Alemania el de hacer ver estos posibles escenarios donde la suma sería negativa.

Sin embargo, para que logren funcionar estos dos mecanismos, Alemania debe suavizar su postura con respecto al programa nuclear iraní. En dado caso, Berlín -si bien no debe abandonar la petición de sanciones al Consejo de Seguridad- deberá dejarlas a un lado, como última opción, presionando también para que éstas se mantengan en sanciones tolerables para Teherán y no tan extremas como un embargo comercial.

Es aquí que surge la duda: ¿Cómo Occidente, particularmente Alemania, puede alcanzar sus intereses de estabilización en la zona y al mismo tiempo hacer que Irán abandone su programa de enriquecimiento de uranio? La posible respuesta se puede encontrar en el caso de India. A raíz de su prueba nuclear en 1998, India fue presionada hasta el punto de declarar una automoratoria; pero la estrategia de Occidente cambió años después, cambiando la presión y sanciones por un reforzamiento positivo, con miras a la socialización de India e involucrarla en prácticas aceptadas para la comunidad internacional.

Ahora bien, el reforzamiento positivo funciona de mejor manera que las sanciones, debido a que al actor, a quien van encaminadas las sanciones puede reaccionar de manera opuesta a lo que se busca. La solución a este conflicto puede ser la socialización de Irán, por medio de refuerzos positivos con miras a integrarlo en prácticas aceptadas por la sociedad internacional, respetando la identidad político-cultural de Irán.

Por otra parte, la socialización iraní necesita un promotor. Este promotor puede subyacer en la figura de Alemania y la Troika. Estados Unidos no aceptará a Irán como miembro legítimo de la comunidad internacional y más aún por la figura de un Rogue State, bajo la cual lo tiene considerado. Pero Alemania no tiene conceptualizada esta figura como tal y, siendo uno de los líderes de la Unión Europea, tiene la posibilidad de crear un mayor acercamiento a Irán mediante procesos de socialización, como pueden ser programas de cooperación en materia de energía nuclear. De esta manera Alemania puede asegurarse de que Irán no esté desarrollando armas nucleares y el programa iraní de energía nuclear sea usado con fines pacíficos.

Este proceso de reforzamiento positivo y socialización es viable. Rusia dio las primeras muestras: Moscú apoyó a Teherán en contra de las críticas de Occidente, aunque cambió de opinión cuando vio amenazados sus intereses en la zona. Pero Berlín puede tomar el ejemplo de Moscú. Berlín no puede llegar al extremo de apoyar incondicionalmente a Teherán, por su relación con Washington, pero puede brindar cierto entendimiento a Teherán, siempre y cuando Washington no vea con malos ojos este acercamiento.

Es de esta manera que Berlín cumple su función conciliatoria y un segundo objetivo, el cual es el de erigirse, y a la Unión Europea con él, como alternativa a Estados Unidos. Una alternativa tolerante, sin ser intransigente, logrando su papel asertivo y obteniendo el lugar que le corresponde en el escenario internacional.

Berlín tiene una oportunidad única: puede decidir si alinearse con Estados Unidos o elevarse como actor independiente e inclusive lograr una alternativa, junto con la Troika, a Estados Unidos. Es cierto que Alemania es un aliado tradicional de EU, pero para obtener el lugar preponderante que busca la generación de la Alemania unida, debe ser asertivo y en este caso, lograr ser un puente de entendimiento y comunicación entre Teherán y Washington.

Berlín no debe desatender su relación con Washington, pero al mismo tiempo, puede ganar poder, no mediante la fuerza, sino con el uso de su diplomacia, la cual tiene un carácter preventivo. Es de esta manera que Berlín puede ser visto por la comunidad internacional como un poder occidental más comprensible que otros, y ganar mucho más, de lo que Estados Unidos puede ganar mediante una invasión.

Los intereses de Alemania pueden ser alcanzados mediante la socialización de Irán con políticas beneficiosas para ambos, reiterando que estas políticas y mecanismos de socialización no sean percibidas por EU como amenazadoras para sus intereses. Inclusive, Alemania puede lograr la aprobación de EU, bajo la idea de que por medio de reforzamientos positivos puede vigilar de cerca el programa nuclear iraní, particularmente con programas de cooperación, respetando los intereses de EU en la zona y obteniendo estabilidad en la zona.

Estamos conscientes de que estos mecanismos de solución y de acercamiento, sólo se pueden lograr si Irán acepta participar en este proceso de la socialización. Sin embargo, a Irán le conviene la socialización y la creación de una comunicación directa. De primera mano, Irán obtendría el beneficio de tecnología y capacitación en el uso de energía nuclear, optimizando su programa. Evidentemente, la tecnología, capacitación y cooperación otorgadas tendrán fines pacíficos, lo cual sería una condicionante y a su vez un estímulo para Irán para abandonar proyectos bélicos de su energía nuclear. Por otra parte, EU dejaría de presionar y pedir sanciones, al menos hasta que se encuentre una solución definitiva, hacia Irán. EU, al ver que un aliado suyo vigila el programa nuclear iraní, puede sentirse, en cierto grado, más seguro del carácter pacífico del uso de energía nuclear de Irán.

Es de esta forma, que se puede alcanzar una negociación positiva, en la que todos los involucrados puedan asegurar sus intereses: la estabilidad en la zona y la resolución pacífica del conflicto. Sin embargo, la solución presentada se basa en la cooperación de todos los actores y que los mismos acepten ceder en cierto grado sus pretensiones, en pro de un resultado beneficioso para todos. El que menos tendría que ceder sería de EU, quien únicamente tendría que dejar actuar a Alemania en su proceso de socialización.

Es así como se puede llegar a un entendimiento entre las partes. Gracias a un estudio comparativo de política exterior y del proceso de toma de decisiones, se puede llegar a entender las diferentes percepciones y entendimientos del problema. Llegando a un entendimiento común de las similitudes y diferencias, se podría aceptar el proyecto alemán de socialización, el cual percibe a Irán como cualquier otro estado invitándolo a participar en las prácticas sociales internacionales. Solo faltaría la decisión de Alemania de tomar un papel más importante en la política internacional y con la ayuda de los otros dos grandes, de Europa, lograr que la Unión Europea sea una alternativa a EU.

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