Allá a donde queremos ir

La Petite Mort

Miles Davies suena a todo lo que da. El aniversario de una canción que no recuerdo cómo se llama. ¿Cómo se supone que deba recordar una canción que tiene más de cincuenta años, si ni recuerdo que acabo de hacer? Todo es difuso. El humo también se eleva. El sudor queda impregnado en el ambiente. Como dirían por ahí, todo huele a sexo. El vino se agota. No importa, todavía hay más abajo, la sed crece.

Ella callada, siempre está callada. No hay dialogo, creo que fallamos en reconocernos. Boris Vian me invade, espero que esto le haga descubrir a un alguien un algo de él, como el buen Boris decía. Quiero convertirme en perro, no llego a lobo; saldría corriendo a la calle. A ver si alguien me atropella.

Todo huele a sexo. Las colillas se van amontonando en el cenicero. Hay podredumbre en el cuarto. Una luz mortecina domina el cuadro, mientras que el zumbido de la instalación eléctrica acompaña a Miles. En este remolino de emociones, me pierdo. No sé cuál sea mi dirección, no sé a dónde voy.

He muerto pero no he muerto. He muerto pero he regresado. Por un instante me perdí. Por ella y gracias a ella. Instantes fugaces que se combinan entre la luz, los sonidos, el humo, los olores y el alcohol. Ahora la sed me invade, tomo un trago enorme de la botella; vino barato, no hay nada mejor.

Mientras ella duerme en la cama desvencijada esperando al amanecer, yo me contemplo en el espejo de enfrente: desnudo con un cigarro en la boca y la botella en la mano. ¿Y si la mato? ¿Y si me mato yo? Al menos haría algo nuevo, pero, ¿qué caso tiene matarme o matarla? Si todo aquí ya está muerto.

Al fin lo descubro…He muerto….No regresé….La decadencia a mi alrededor lo justifica. Esta podredumbre no es escenario, por el contrario, emana de mí. He muerto y me he llevado lo que está a mí alrededor….Inclusive a ella. La he asesinado en un arrebato de la carne. Nunca regresamos. El orgasmo fue la muerte. Pensé que habíamos regresado a estados anteriores, pero no fue así. Únicamente quedaron cuerpos vacios, sin el soplo de vida.

La muerte es la ausencia de vida y la vida es ausencia de placer. Sólo la vida es más llevadera con esas pequeñas muertes placenteras. El orgasmo es una de esos pequeños placeres. No esperamos el orgasmo sino el momento que viene después de este. Ese momento donde nos unimos con el todo y si somos todo, entonces no somos nada. Sólo existimos, no pensamos y todo fluye. El momento mágico de la no conciencia. No regresamos a nuestros cuerpos, nuestras almas quedaron en la verdad absoluta.

Esa muerte pequeña se ha vuelto eterna. Ahora debo cargar con la culpa de haberla sacado de este mundo. Aunque, puede que le haya hecho un favor. Haber aliviado la insoportable y duradera muerte que es vivir.

De nuevo me invádela sed. Me acabo la botella de vino. Puede que morir no sea tan malo. Al fin y al cabo me he liberado, ya nada importa. Me podré dedicar únicamente a escribir y existir en una no vida. Creo que esto es bueno, ahora de verdad me permitiré escribir como lo que soy, un muerto que camina.

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