Allá a donde queremos ir

Nuevos Horizontes del Sentido

En este ensayo me daré a la tarea de explorar la capacidad del fenómeno comunicativo para articular significaciones  y establecer horizontes interpretativos, los cuales brindan sentido al mundo. Tomando el caso de la construcción discursiva de los bienes culturales, trataré de probar que el fenómeno comunicativo es el proceso que brinda de sentido tanto a toda experiencia social como a todos los bienes producidos por el hombre. Lo anterior demostraría que en efecto, la comunicación es la experiencia social básica y necesaria, sobre la cual se construye la sociedad.

Comenzaré mi análisis estableciendo que en la modernidad la diferenciación de campos del conocimiento ha establecido una especialización para el manejo de dicho conocimiento. Los campos de conocimiento se forman entorno a ejes matriciales, a partir de los cuales se generará un discurso articulando signos entre sí. La ciencia, la religión, la moral, el arte, son algunos de estos campos de conocimiento especializado. Cada uno de estos campos conforma sistemas clausurados que se reproducen en términos de sí mismos, si bien sus fronteras están bien definidas las posibilidades de significación hacia su interior son prácticamente infinitas (Schutzeichel, 2004). Dada la clausura del sistema comunicativo, los individuos tienen que aprender el discurso de cada sistema, especializándose en algún conocimiento en particular para hacerse participes de dicho conocimiento.

La referencia que brinda sentido y coherencia a estos campos es la construcción discursiva alrededor de estos, ya no son los objetos en los que se enfocan, ni la experiencia social que los rodea; es decir, el discurso de cada campo se disloca  de la experiencia empírica y se reproduce a sí mismo alejado de la vida cotidiana. Si en un inicio el campo comunicativo se generó a partir de alguna experiencia social tratando de darle sentido y explicación a dicha experiencia; ahora los campos se olvidan de su relación con la experiencia empírica y ya no se reproducen términos de su relación con esta, sino que su referencia para su reproducción discursiva es el discurso mismo.

En este sentido, los individuos deben volverse competentes en el uso y manejo de algún discurso epistemológico para darle significación a su experiencia social. De tal manera que la vida ya no es pauta para generar conocimiento, sino que el conocimiento le marca el camino a la vida y los individuos interpretan su vida desde el discurso que manejen. Se aprecia claramente la separación a la que hace referencia Habermas cuando distingue entre el mundo sistémico y el mundo de vida (Foster et al, 2006).

Pero en el contexto moderno donde al parecer todo el conocimiento se ha conformado en campos comunicativos específicos y por ende, generando sistemas, ¿es posible en términos de acción comunicativa habermasiana enfocada a una  pragmática universal, la cual logre volver articular el mundo de vida y el mundo sistémico? La respuesta pareciera ser un rotundo no y es que a medida de que se avanza en la modernidad el camino del conocimiento sigue siendo una avance frenético a la especialización y a generar sistemas de cada aspecto de la vida cotidiana.

Coincido con Habermas al decir que se encuentran rasgos de esta pragmática universal en el acuerdo cotidiano (Schutzeichel, 2004), pero pareciera que los acuerdos entre los hombres se dan en un contexto sistémico, más aún, el acuerdo pareciera dar origen a los sistemas, ya que tiene que haber un consenso básico para establecer las fronteras de cada sistema. En dado caso, el acuerdo es intrínseco a  un campo especializado de conocimiento, por lo que la forma de emparejar el mundo de vida y el mundo de los sistemas no es por medio del acuerdo ya que un acuerdo solidificado socialmente  generaría un sistema.

En términos de Habermas esto no parece muy alentador, sin embargo pudiera ser que hay expresiones modernas que dan pie a la yuxtaposición de la especialización y el mundo de vida. A las expresiones que hago referencia son a aquellas que se buscan el rompimiento de las figuras modernas establecidas, las cuales son categorizadas como expresiones posmodernas. Si comprendemos a la posmodernidad en términos de Jameson como “una forma crítica de teorizar y que le interesan los problemas asociados con la cultura y la subjetividad en las sociedades del capitalismo tardío” (Foster et al, 2006); entonces nos daremos cuenta que la posmodernidad no niega todo discurso sino que es una crítica a las formas originadas de la especialización, en este sentido, la posmodernidad son formas que permiten nuevos horizontes interpretativos basados en la subjetividad y no en los sistemas cerrados. Sin embargo, si consideramos que el acuerdo se solidifica y crea sistemas, estas nuevas formas de ruptura solidificarán un nuevo acuerdo generando otros sistemas, pero al mismo tiempo habrá otras expresiones posmodernas que rompan a estos nuevos sistemas.

Es aquí que encuentro la posibilidad de generar este emparejamiento entre mundo de vida y mundo sistémico. Y es que las expresiones de ruptura  están basadas en el horizonte interpretativo de cada individuo, pero si el horizonte interpretativo de cada individuo está marcado por la incorporación a un campo comunicativo de un sistema de conocimiento, entonces la subjetividad interpretativa de cada individuo no iría muy lejos de lo marcado por dicho campo. Pero a mi parecer, si el principio rector de la interpretación está guiado por la subjetividad entonces habría una separación de lo marcado por el sistema, si se quiere sería muy pequeña pero aún así existiría una divergencia lo cual terminaría por abrir una nueva posibilidad que podría ser tomada por otras subjetividades para incorporarla a su significación de la realidad.

Ahora bien, cada sistema produce sus propios bienes materiales, los cuales son una suerte de materialización del sistema del que provienen, los cuales además reproducen el discurso que mantiene al sistema. De esta manera encontramos que bienes como obras de arte que surgen del sistema cultural, leyes para el sistema legal e inclusive instrumentos sacros del sistema religioso; elementos que permiten asir físicamente el discurso al que los individuos toman para interpretar su vida.  En la modernidad estos bienes se encuentran inmersos dentro de los límites del sistema al que pertenece, de tal forma que el discurso del sistema es  lo que le da una significación específica, de otra manera se vuelven elementos cuasi ornamentales sin significado alguno (Foster et al, 2006).

Al formar parte de un sistema los mismos bienes se encuentran clausurados a una única significación, sin embargo, bajo parámetros  de expresiones posmodernas, se da una ruptura bajo nuevos parámetros interpretativos; un bien es tomado y es descontextualizado, se saca del sistema que lo originó y se le atribuye un discurso distinto, así se genera un horizonte interpretativo nuevo generando nuevas posibilidades de significación. Debo aclarar que aunque el bien material sea descontextualizado y sujeto a un nuevo discurso o a un discurso proveniente de otro sistema, aún mantiene la carga sígnica original; el viejo discurso no se olvida ni se elimina pero convive con nuevos elementos interpretativos que  permiten la reinterpretación de los discursos involucrados.

De esta forma es que comprendo el surgimiento del arte contemporáneo. Objetos descontextualizados surgidos en dentro de un sistema particular son tomados y resignificados al ser expuestos a discursos distintos. Vemos que objetos cotidianos son revestidos por discursos ajenos a estos y son transformados en piezas de arte.

Por lo anterior me parece pertinente tomar el concepto de la postautonomía del arte, con el cual, García Canclini se refiere al “proceso en el cual aumentan los desplazamientos de las prácticas artísticas basadas en objetos a prácticas basadas en contextos hasta llegar a insertar las obras en medios de comunicación, espacios urbanos, redes digitales y formas de participación social donde parece diluirse la diferencia estética” (2000, p. 40.)  Y es que las expresiones culturales, especialmente el arte, pero en general cualquier objeto originado en la posmodernidad, se volvió postautónomo para poder desenvolverse en un contexto que los sistemas se olvidan a los objetos y sólo importa la reproducción del discurso en términos de sí mismo.  Cualquier objeto puede lograr insertarse en cualquier medio y ser adscrito a un relato determinado. Por lo que no la esencia del bien cultural ya no está inmersa en el objeto en sí sino en su discurso.

Los bienes materiales se pueden comprender como las expresiones materiales  del intercambio de narrativas entre sistemas y de la resistencia a estos intercambios. Dicho valor es detentado y reconocido por los consumidores de dicho bien; cualquier bien cultural  cobra sentido a partir de su consumo, por lo que es profundamente colectivo, es una relación multilateral y en múltiples direcciones, desdoblando el sentido del bien cultural y su narrativa; consumo que estará guiado por el horizonte interpretativo de los individuos. El valor es dado por las narrativas y el lenguaje alrededor de estas expresiones materiales. La carga estética e ideológica abandona al objeto y recae en el discurso, de tal manera que la condición artístico-cultural se vuelve volátil y movible, buscando objetos donde asentarse.

El arte contemporáneo rompe esferas de especialización y acerca el arte a la vida, hace partícipe al espectador de la experiencia estética al presentar obras indefinidas, abiertas a interpretaciones y a diálogos entre consumidor, productor y la obra misma; dichos diálogos basados en narrativas divergentes. Cada individuo involucrado en el consumo del bien incorporará la subjetividad y su propio bagaje discursivo para darle significación a la obra en cuestión. De esta forma observamos que la adscripción a un sistema, en un contexto posmoderno, no limitará el horizonte interpretativo sino que nutrirá a dicho horizonte brindándole nuevas categorías de significación.

La obra de arte será arte en la medida en que sea significante para algún individuo consumidor. El objeto ya no contiene la carga estética por sí mismo, independiente de su público.  Expresiones culturales, están abiertas a la apropiación de cualquier individuo sin necesidad de la adquisición de algún lenguaje especializado, permitiendo  que el consumidor pueda agregar su propio significado y así  transformándolo en nuevo signo.  Podríamos llegar a considerar que esta salida del bien cultural la vida diaria y la apropiación del público del mismo bien, generando un nuevo significado; es a lo que Habermas llama negación de la esfera del arte y la yuxtaposición del arte con la vida (Foster et al, 2006, p. 45).

De esta forma el bien cultural producto de expresiones posmodernas sirve como pivote entre dos o más sistemas, permite la comunicación e intercambio de signos, símbolos e interpretaciones entre esferas de sentido. Esto nos remite claramente a la concepción luhmaniana de un sistema auto-regulado que controla los elementos que entran y salen de sí mismo (Schutzeichel, 2004).Un bien cultural posmoderno permite la incorporación de nuevos elementos diversos al horizonte interpretativo de los individuo.

Tengo que mencionar que aunque los bienes culturales sean abiertos y permitan la comunicación entre sistemas, la capacidad para comprender y significar el discurso que buscan expresar dichos bienes  remite a una especialización. Dado que los bienes ya no tienen una carga estética intrínseca como en el arte clásico, en cual los consumidores no tenían que interpretar nada, el valor de la pieza esta evidente y dado en sí misma; se necesita un bagaje discursivo que permita interpretar y saber en qué discurso está inmerso el bien. Esto es una especialización que vuelve al arte contemporáneo elitista.

Los bienes culturales deben estar sujetos a cualquier significación posible, sin estar anclados a un discurso en particular. Si las piezas de arte se vuelven parte constitutiva de la experiencia social, cualquier individuo pudiera darle algún significado a partir del horizonte interpretativo que detente surgido de su bagaje discursivo. El problema nace cuando el bien cultural obliga al consumidor a adquirir un discurso particular.

La solución para esta separación del mundo de la vida, sería que el arte contemporáneo saliera a las calles. Lograr que el arte contemporáneo salga a la vida diaria no es poca cosa, en gran medida se tendría que masificar el arte contemporáneo; es decir, establecer a esta dimensión de la vida como elemento constitutivo de la experiencia social para que cada individuo lograra consumir los bienes culturales y fueran capaces de darle una significación a partir de la propia vida de los individuos.

Existe una posibilidad de que bienes culturales posmodernos ya son objeto de interpretación masiva sin hacer uso de un discurso específico. Estos bienes podría ser el arte urbano, el cual se conforma por expresiones como el grafiti, la novela gráfica,  teatro al aire libre, entre otras formas artísticas  que marcan una marcada diferencia del arte institucionalizado.  El problema con estas expresiones culturales es que en gran medida no son reconocidas como tales y descartadas como consumo cultural, esto limita la capacidad de articular significaciones dentro de la experiencia social. El arte urbano en muchas ocasiones se concibe como vandalismo o entretenimiento banal, lo que provoca que la mayoría de los individuos, perciba  a estos bienes culturales como ajenos de su propia vida e ignorando las posibles significaciones que este tipo de arte pueda generar.

Posiblemente para que  los bienes culturales salgan a las calles, se debiera eliminar el discurso que vierte de sentido a estos y es que como hemos visto, el discurso es lo que vuelve estético a un bien cualquiera. Esto nos presenta con un ciclo vicioso, el cual rompe la especialización comunicando sistemas entre sí pero al mismo tiempo perpetúa la especialización al obligar al consumidor a conocer un discurso específico.

Pudiera ser que si se logrará que las expresiones culturales formaran parte intrínseca de la vida cotidiana y no esfera de unos pocos, los discursos que apuntalan a los bienes culturales se incorporarían al bagaje discursivo cotidiano de cada individuo o al menos, se volvería menos especializado. Pensar en esto es equivalente a pensar a que todos los hombres tuvieran nociones de arte, de religión y de política. Es altamente utópico pero nos permite observar que la experiencia social está articulada en torno a discursos y al fenómeno comunicativo. Al observar que los objetos cobran sentido de acuerdo a un discurso que los sostenga, nos permite observar que la manera en que la comunicación en efecto logra articular experiencias sociales.

El fenómeno comunicativo genera signos, los cuales formaran sistemas simbólicos que a la postre se solidificarán en discursos, estos últimos tendrán la capacidad de construir instituciones y establecerán pautas para las prácticas sociales. Por lo que claramente podemos identificar que el fenómeno comunicativo es la base de todo el mundo social. Aunque en las expresiones posmodernas vemos un gran aporte de las subjetividades nacidas en la conciencia de los individuos, pero no debemos olvidar que dichas subjetividades están marcadas por los sistemas a los que están adscritos dichos individuos y lo que logran las subjetividades es articular varios sistemas  y discursos por medio de bienes culturales. La conciencia por sí misma no logra articular signos, primero tiene que remitir al proceso comunicativo para solidificar referencias signicas. De otra forma no se lograrían expresar las conciencias ni articular la interpretación de la conciencia en signos comunes para construir sociedades

El problema de la separación entre mundo de la vida y los sistemas queda abierto. Una posibilidad que aquí planteo es por medio de bienes culturales que sirvan de pivotes entre sistemas. No queda del todo resuelto la incorporación de los discursos sistémicos para lograr abrir nuevas interpretaciones, pero la posibilidad está presentada. No me queda más que remitir el problema de la apertura del conocimiento a la posibilidad de sistemas que puedan incorporar  un intercambio discursivo entre distintas esferas de conocimiento,  siempre por medio de bienes que sirvan de punto de conexión entre sistemas y discursos. Al ser consumidos dichos bienes abrirán nuevos horizontes a otros individuos y posiblemente estos sistemas permeables den como resultado instituciones y prácticas que no se basen del todo en discursos como grandes verdades, sino que tomen a los discursos como posibilidades de construcción de horizontes interpretativos guiados por la subjetividad de los hombres

Dependerá de la posibilidad de solidificación de las prácticas sociales surgidas de estas expresiones de ruptura si estas nuevas interpretaciones se constituyen en nuevos sistemas. Aquí encuentro dos posibilidades: la primera, que la ruptura de las expresiones posmodernas sean tan vertiginosas que no permitan la solidificación de prácticas sociales y la segunda posibilidad, que en efecto los nuevos acuerdos basados en nuevas interpretaciones se consoliden y formen nuevos sistemas. De cualquier forma la posibilidad para la reinterpretación y deconstrucción de los discursos es posible acercándonos al mundo de vida.

Bibliografía

Schutzeichel, R. (2004) Soziologische Kommunikations-theorien. Berlin: UVK.

García Canclini, N. (2000) La sociedad sin relato: Antropología y estética de la inmanencia. (1° ed.) Buenos Aires: Katz

Foster, H. (Edit). (2006) La Posmodernidad. (7°ed.) Madrid: Kairós

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s