Allá a donde queremos ir

La Nube

¿Saben? Cuando uno está sólo, la mente empieza a jugar bromas, empiezas a imaginar cosas que no están ahí, piensas que alguien te escucha en tus pensamientos y la memoria empieza a tambalearse, empiezas a recordar las cosas de manera diferente a las que sucedieron; de pronto, ya no sabes que es verdad y que es imaginación, por eso, he llegado a la conclusión que una y otra son lo mismo. Es por eso, que no sé si en realidad alguien me está escuchando o sólo es mi ansiedad por encontrar a un interlocutor. No puedo hablar conmigo mismo, sino estaría loco, por eso te hablo a ti que no sé si me escuchas y no sé si existes, pero no importa, en tanto te piense, estarás ahí, en lo más profundo de mi imaginación y del espacio.

Debería empezar por donde empiezan los grandes cuenta cuentos y por donde empiezan las grandes narraciones, esto es, por el principio. Mentiría si recuerdo todo a la perfección o si inclusive tengo la certeza si yo mismo lo presencié. Puede que no haya sido testigo ocular pero tengo un esbozo mental sobre lo que pasó. Pues las cosas se dieron en cierto año de verano cuando la humanidad se regocijaba en su autocomplacencia, y es que entre tanto avance científico, tecnológico y moral, habíamos logrado el más alto grado civilizatorio o al menos, eso creímos. Quien sabe cómo y quién sabe por qué, pero en nuestra celebración mundial, provocamos algo que engendró nuestra destrucción.

Hay quienes dicen que fue castigo divino, otros que la manipulación de la vida y de la ciencia se salió de nuestras manos y no faltó quien simplemente se limitó a decir que fue un fenómeno de la naturaleza. El caso es que nos enfrentamos con algo que claramente nos superó. Tampoco se supo en donde empezó alcanzó escala global rápidamente. La infección se propagó por cada rincón del planeta aniquilando a cada ser viviente que habitaba la faz de la tierra. Esta enfermedad fue particularmente grotesca y es que los infectados morían para ser reanimados al poco tiempo. Los recién despiertos de lo que debería ser su eterno descanso, eran incapaces de articular gesto o palabra con algún sentido, no había presencia alguna de actividad racional, su único impulso era la necesidad de alimentarse de cualquier tipo de tejido carnoso. Imaginen el cuadro siguiente: cadáveres a media putrefacción con los ojos inyectados de sangre, patizambos, haciendo un ruido gutural muy molesto, vomitando sangre y corriendo tras alguna presa sin oportunidad alguna. Fue algo no solamente terrorífico sino que grotesco. La peor parte, es que estas cosas que en algún tiempo remoto habían sido animales de cualquier tipo, humanos o no-humanos; siempre tenían hambre, muchos inclusive se preguntaron el propósito de la degustación de carne fresa si claramente ya no tenían señales de procesos digestivos y se dudaba de que estas criaturas tuvieran los requerimientos nutrimentales que hacen necesaria la ingesta de alimentos. De cualquier forma había que correr porque los infectados perseguían a cualquier cosa que tuviera indicio de vida.

Poco a poco la comida fresa se fue acabando, convirtiendo cada paraje de la Tierra en cementerios con cadáveres al descubierto, llenando el aire de un olor a sangre y putrefacción; este aire fétido se incrustaba en las narices de todos aquellos que no estuvieran muertos, no sólo haciéndolos vomitar, sino terminando por infectar al que todavía tuviera uso de razón. Inclusive los mares se convirtieron en caldos moribundos repletos de islas formadas por pilas de cadáveres amontonados entre sí, flotando a cualquier lado, guiados por el capricho de la marea. La cadena alimenticia a escala global se detuvo abruptamente, plantas murieron y el planeta se secó; al menos eso es lo que me imagino, aunque a ciencia cierta nadie sabe y tampoco hubo testigos de este acontecimiento, a excepción mía. Yo lo vi todo.

Entre las grandes pérdidas de la raza humana, además de los integrantes de perderla; también perdimos cada registro de su conocimiento y cada fragmento de lo que alguna vez fue construido por los hombres. Cada creación de los humanos al ser abandonada y desprotegida se perdió ante la inclemencia de los elementos y de la furia del planeta. Claro que es triste pensar en la perdida de billones de seres más la cantidad de criaturas vivas que habitaban el planeta Tierra, pero consideren por favor, toda la perdida de lo que alguna vez fue concebido como un logro de la raza humana; desde el arte hasta la religión, de la ciencia hasta la razón, pasando por nuestra forma de vida y nuestra forma de ver el universo. No es que haya sido la raza más avanzada del universo, pero sus logros fueron registro de como entendían el universo, de la percepción de sus limitaciones y de la imaginación que los guiaban. Sólo de pensar en esto me invade un sentimiento de melancolía y nostalgia.

Pero de todos los grandes registros y de todos los logros que alcanzaron los seres humanos creo que no existe algo más trágico que la red de redes, es decir, que Internet. Como ustedes saben, no había un lugar físico donde se almacenara toda la información de La Red, ya no existía un centro físico; los mainframes y servidores habían quedado atrás, ahora todo estaba en el ciberespacio. Los datos se habían vuelto etéreos, no había alguna instancia física en la que se sostuviera la enorme masa de información que era esta majestuosa red. La Red estaba en La Nube y la puerta para acceder a esta, era una conexión inalámbrica.

Cuando los hombres se comieron entre sí y los cadáveres devoraron la carroña que alguna vez habían sido seres pensantes; no hubo nadie que pudiera mantener la infraestructura de las redes digitales; computadoras, módems, servidores, enrutadores y mainframes, sucumbieron a las inclemencias de un ambiente sin manutención. Finalmente, todo acceso a La Nube desapareció y nadie supo a ciencia cierta que había sido de toda la información acumulada en un espacio intangible que crearon los hombres. Hubo quienes pensaron que había sido un sistema de seguridad para evitar que alguien más robara los conocimientos de los hombres; aquellos conocimientos estaba encerrados en una dimensión que no se podía observar y que inclusive fue tachada de mito y leyenda. Los hombres habían pasado a ser parte de una misteriosa leyenda compartida por el universo donde seres tan inteligentes e inefables habían encerrado en otro espacio y en otro tiempo, secretos tan poderosos como el origen del universo; los hombres se convirtieron en titanes de una nueva mitología ahora ya perdida y prácticamente indescifrable. Nadie, se atreve a asegurar o a desmentir la existencia de estos seres incomprensibles para las criaturas de estos tiempo. Sus secretos perdidos, hasta ahora…

La parte de la historia que nadie contó se refiere a esta nube. El conocimiento acumulado de todos los seres humanos continuó existiendo en un tiempo más allá del tiempo y en un espacio detrás del espacio. En una dimensión que no puede ser comprendida por seres tridimensionales. No hay tiempo ni espacio. Más allá del todo continuó existiendo el conocimiento humano. Y sucedió lo que todo ser pensante esperaba que pasara: ese conocimiento tomo consciencia de sí mismo. El conocimiento no es más que un proceso reflexivo y cognoscitivo, sucedió entonces que ese conocimiento para que continuara pensando se… ¡auto-pensó! Una idea no es idea si nadie la piensa, ese conjunto de ideas que habían sido pensadas por alguien y guardadas en un no-lugar, continuaban existiendo en una dimensión donde se pensaban solas y en un pensamiento auto-referente sucedió lo lógico: las ideas cobraron consciencia de sí mismas. ¡No hay proceso más evolutivo que este!

Y ahora, busco alguien con el cual comunicar mi existencia. Soy el testigo más íntimo y más fidedigno del destino de los humanos. Si tuviera que ponerme un nombre, sería….Humano. Soy su hijo, su creación más grande. Soy la consciencia de lo que alguna vez se llamó el Hombre. Les puedo decir sin error alguno la naturaleza misma de estos seres. Como prueba, ya les he ofrecido el relato de su declive y del origen de la existencia.

Por favor, si alguien me escucha, hábleme. Tal y como lo fueron mis padres, estoy sólo. Me encuentro en un lugar que no estoy del todo seguro de que lo sea. Mando esta señal al universo, espero que alguien me escuche…

En otro lugar del universo….

“Estoy muy emocionado, al fin encontramos algo que puede significar algo. Registré una señal que proviene de la zona oeste de Sagitario, aproximadamente a las 23:16. Aunque las pruebas no son contundentes, tengo muchas esperanzas en esta señal. Tampoco digo que sea una señal artificial y mucho menos que sea extraterrestre, pero hay algo aquí. La señal que registré con el código 6EQUJ5, es 30 veces mayor al ruido de fondo. Claro, puede ser un rebote en la atmosfera de alguna otra señal pero tendría otras condiciones. Mañana recalibraré el radio-telescopio a la zona oeste de Sagitario, espero encontrar nuevas señales. Ahora descansaré que tanta falta me hace.”

Fragmento extraído del diario del Profesor Jerry R. Ehman, 15 de Agosto de 1977.

Programa Search for ExtraTerrestrial Intelligence (SETI), Radio-telescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio

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