Allá a donde queremos ir

Confesión

Son las 5:15 de la mañana y en lo que puedo pensar es en escribir esta carta,  al menos es lo que creo que es, una carta dirigida a ti. No sé si su contenido te lo hubiera podido haber dicho de frente como lo mereces, pero por lo menos el papel me pareció un medio más efectivo y veloz.  Sé que debería afrontarte y mirarte a los ojos, pero tenía que sacarlo de mi sistema. Ahora que lo pienso, posiblemente esa sea la razón del resfriado que me ha aquejado los últimos días.

Esta ha sido una noche algo extraña. No me he despertado en medio de la noche llamando tu nombre,  la realidad es que nunca logré conciliar el sueño y a estas horas me parece algo absurdo intentarlo.  Esta es mi tercera noche así y de alguna u otra forma, los recovecos de mi mente me llevan contigo.

Tu recuerdo me inunda la mente y ya no puede ser contenido por el envase tan pequeño que resulta ser mi cerebro, así que termina desbordándose por los poros de mi piel. Tu recuerdo, ahora en forma de sudor, termina empapando mi almohada y la playera que llevo puesta. Trato de que ya no quede líquido dentro de mi cabeza, pero es mucho el recuerdo.

En noches así, es cuando me aqueja la soledad. Y es mi hora más tardía que tu imagen me persigue. No lo sé, será porque eres mi último arrepentimiento pero siempre que me siento sólo, tu ausencia me acompaña. Es un truco muy bajo, pero no suelo jugar limpio;  te pido disculpas por esto.  Ahora, de nueva cuenta que me persigue la soledad, vienes y me acompañas. Ya había pasado en otras ocasiones pero me quedaba callado, ahora es diferente, he decidido expresarlo de la única manera que sé hacerlo. Pensé en llenarte los ojos y los oídos explicándote cómo es que cometí el enorme error de dejarte ir, sobre cómo me hubiera encantado que recorriéramos el camino tomados de la mano y asombrarnos del mundo, los dos juntos. Pero no sólo es tarde, es injusto.  No tengo el derecho y de nuevo, te pido disculpas.

No sé qué pensar. Ya no confío en mí, no sé si o que hago es por mis propias pulsiones o lo hago por miedo a estar sólo.  No quiero únicamente evadirme pero me temo es lo que he estado haciendo. Últimamente ha sido así,  la  única constante es una inquietud un tanto dramática y exagerada que no sé de donde provenga, pero siempre está ahí.  Ya no me quiero sentir así y he llegado a sospechar que en estos momentos es cuando recurro a mis lugares de paz, y creo que tú eres uno de ellos.

Toda preocupación pasa cuando me decido a escribir, ya sea sobre ti, sobre el arte o sobre la sociedad, pero me permite estar sereno.  Aunque si soy sincero, esta es la primera vez que escribo  para ti y no sobre ti.  Trato de concentrarme en la pluma y el papel,  mientras me aferro a la idea de que lo demás no importa. Sin embargo, a estas alturas de la noche, debo reconocer que no es fácil y la opción de correr parece más atractiva que mantener el temple.

Es así que me he permitido escribirte, si no externo este remolino de sinsabores, seguro exploto. Te aseguro, que esta ha sido  mi única intención. No pretendo que hagas nada, sólo necesitaba la paz que me da escribirte. Tal vez así exorcice cualquier culpa que haya quedado escondida en el fondo de mí ser.  Esto es una pequeña confesión sobre lo que soy, un tramposo de corazón.

No  había querido otorgarme el permiso de escribirte  para no tocar un nuevo fondo y es que, desde mi punto de vista, estas líneas me parecen un clásico chantaje emocional y esto, es muy bajo, inclusive para mí.  Por favor, no lo consideres de esta forma y si lo llegases a ver así, no vuelvas a dirigir tu mirada en mi dirección. Lo quiero dejar en claro, no es a raíz de mi egoísmo por tenerte junto a mí que te escribo, es una fuerza que me obliga a hacerlo. Espero lo comprendas

Aunque debo confesarte que no estoy libre de pecado. Muero de celos cada vez que te imagino con él. He aprendido a tragarme el nudo en la garganta cada vez que imagino un “te amo” que va encaminado a su corazón.  Sin embargo, desde hace mucho, te reconozco como pérdida de mis anhelos.   Sólo deseo que el si te sepa valorar y que juegue limpio. Yo ya hace mucho tiempo que no juego limpio, me dan la vuelta; ayer por ejemplo, que mientras tenía sexo con alguien más, sólo pensé en ti. Soy un asco, ¿verdad? Pensándolo bien, creo que libraste una bala, al fin y al cabo, soy muy complicado, yo lo reconozco y este papel lo prueba.

Pues después de una hora de escribir, ya no me quedan palabras.  Seguramente después me arrepentiré, antes lo pensaba pero ya escribirlo quiere decir que es real. Eso era lo que más me daba miedo, que fuera real. Pero ya no puedo hacer nada, esta triste confesión está terminada y  debe cumplir su ciclo, que lo leas. Y es que cada palabra escrita es una promesa que debe ser cumplida: si está escrito, debe ser leído. Además, no tiene caso que se quede guardado, para que logre la tranquilidad, debes leer esto. Gracias de antemano.

Ahora que te has convertido en mi confesora, algo así como mi sacerdotisa de mi religión personal,  termino esta misiva pidiéndote que si aun después de haber leído esto, encuentras algo de misericordia por este humilde adorador tuyo, por favor, no te alejes de mi vida.

Si bien tengo ganas de cambiar de ambiente, de gente, de contextos y de historias, me gustaría que tú permanecieras. Claro, si después de este pequeño incidente me lo permites. La soledad es algo tan fuerte que me compele a dejar todo, al menos por el momento; sólo busco dos constantes: la palabra y tú. Y es que,  creo que mi letargo en este mundo es lo que origina esta soledad que me aqueja. El poco movimiento de mi ser frente al mundo me ha hecho más  estúpido y conformista, tengo que buscar formas de ser para involucrarme de nuevo con mi mundo. Espero que la bondad de tu corazón, te permita perdonarme de lo que no pude o quise hacer en su momento y que a mí, me otorgue fuerza para seguir mi camino.

Gracias

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