Allá a donde queremos ir

¿El cambio empieza por uno mismo?

En las últimas semanas  muchas personas que no apoyan a los movimientos sociales originados por el descontento de la imposición electoral, han compartido y difundido  imágenes que aluden a que el cambio social empieza por uno mismo. No critico a quienes consideren que esta es una mejor opción la movilización colectiva, pero creo que deberíamos reflexionar un poco más sobre lo que presupone esta campaña en contra de la acción colectiva.

Pues bien, el problema con el cambio empieza por uno, radica en la individualización y desarticulación de la sociedad. Vivimos en una sociedad que no se cansa de pregonar el yo como eje coordinante de su actividad. El hombre es separado de sus congéneres, desarticulado de su estado natural que es la colectividad y es obligado a construirse a partir de referentes creados de manera industrializada.

La campaña antes mencionada nos obliga a encerrarnos dentro de nosotros mismos para encontrar una verdad ontológica ajena a la sociedad. Dicho sea de paso,  no existe tal verdad, no puede haber verdad distanciada del lenguaje y de las relaciones sociales, lo que encontramos en nuestro interior no es más que una asimilación de doctrinas, ideologías, valores y códigos sociales.

La acción del hombre es entre los suyos, nuestra sociedad nos individualiza y nos separa de la acción colectiva donde de verdad nos convertimos en hombres. Autores como Marx, Bauman, Honneth y Lukacs ya lo han mencionado: el hombre sólo es hombre entre los hombres.  Sin embargo, la modernidad nos enseña en que cada uno somos únicos e irrepetibles, y nuestro mejoramiento depende de cada uno de nosotros  ya que no necesitamos nada de la colectividad. Esto es categóricamente falso y es que la misma idea de la individualidad es necesariamente colectiva porque proviene del proyecto social de la modernidad. Se nos obliga a ser únicos con ilusiones de libertad, nuestro libre albedrio se limita a elegir la marca de refresco, ropa, cigarros o cerveza.  Esta es la ficción de una sociedad que nace de la industrialización.

Los esfuerzos  del programa ideológico de nuestra sociedad buscan aislar a los hombres, cada uno con  una interpretación del mundo.  Si antes contábamos con grandes narraciones que guiaban la vida de los pueblos, ahora tenemos explicaciones personalizadas basadas en verdades a medias. Claro, existen grandes referentes como la patria, la nación, los símbolos  nacionales y un sinfín de cosas más; pero en un mundo donde se intercambian signos y significados, estos referentes colectivos pierden su sentido. El mercado nos habla de manera personalizada, no importa si eres mexicano o estadounidense, tomas Coca Cola, usas Levi’s y manejas un Volkswagen.  Además se nos otorgan respuestas para encontrar nuestro verdadero yo en formas de recetas hechas pensadas para el comercio global, sin reconocer nuestros contextos particulares; no importa de dónde seamos y el bagaje específico de cada uno de nosotros,  dado que todos somos individuos nos sirven estas recetas por igual.

Esta es la lógica bajo las propuestas anticolectivistas  como la campaña el cambio está en ti. Ante la amenaza de la articulación en grupos que se forman gracias a la identificación de sus miembros con ideas específicas,  este tipo de campañas buscan segregar. Alienan a los sujetos, establecen distancia entre ellos y una conciencia colectiva generada a partir de la identificación con ideas específicas, así como producto de relaciones sociales determinadas.

Quienes conozcan a Marx reconocerán  el concepto de clase como idea subyacente a este argumento. Sin embargo, creo que la conciencia colectiva trasciende una clase social, debo aclarar que por más que mi pensamiento provenga de alguna línea Hegeliana y Marxista, encuentro la categoría conceptual de trabajo un tanto limitada, por lo que la idea que tengo sobre una conciencia colectiva no se limita a la identificación con la noción de trabajo. Además en una sociedad postindustrializada como la nuestra, una categoría como conciencia de clase no nos permite observar la compleja construcción de la identidad de los sujetos. No somos únicamente proletariado o burguesía,  ahora tenemos un sinfín de referentes que construyen nuestra identidad, esta última es un proceso siempre cambiante y no algo fijo.

Es precisamente por esta condición mutable que necesitamos el contacto con la colectividad. Nosotros solos no podemos construirnos como personas, necesitamos de la interacción social. Quien piense que somos sujetos que no necesitamos del grupo y que las respuestas las encontraremos como si tuviéramos una verdad inmersa en nuestra alma,  olvida que aprendimos todos desde la socialización. El grupo es lo que nos da sentido, desarticular a la sociedad en individuos es un mecanismo de optimización de la industria y el mercado.

Tampoco ataco a quienes creen en la campaña y que exhortan a  los demás a cambiar de manera individual. Cuando se echó andar el proyecto racional-moderno se pensó como la mejor sociedad posible como contrapunte al proyecto de sociedad que le antecedía.  Tampoco los ideólogos de la sociedad moderna era moralmente malvados, como tampoco lo son quienes defienden esta idea; la cuestión es que fue tan efectiva la optimización del mercado y de la industria que terminamos con esta sociedad. Con lo que nos toca, no es que sean moralmente malos quienes propaguen esta idea, simplemente han asimilado ciertas nociones del mundo  como verdades, así  como yo he asimilado otras nociones distintas; tanto ellos como yo interpretamos el mundo desde estas concepciones de la vida.  Por parte de quienes promuevan esta idea del cambio individual, no hay una agenda burguesa de desarticulación del proletariado (seguramente habrá quien si la tenga abiertamente) pero en su mayoría son personas que creen que la individualización de la sociedad es la mejor forma de relación social en contra de la articulación colectiva.

Por mi parte, creo que la forma de emancipación es a partir de la construcción de nuevos referentes, nuevas instituciones, nuevas prácticas y nuevas formas de hacer las cosas. Yo creo en la construcción de algo con el que me pueda identificar y esto sólo se puede construir a partir de la acción colectiva, así como de la concientización de que nuestro papel en el grupo. No creo que haya verdades en nuestro interior, lo que encontremos en nuestro interior son proyecciones de valores sociales asimilados. Buscar verdades es una tarea inútil, la verdad no  tiene una esencia inequívoca, las verdades se construyen  desde nuestros lazos y procesos de socialización. Solamente en grupo podemos construir verdades que nos representen a todos.

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