Allá a donde queremos ir

Breve comentario a Geertz

En La interpretación de las culturas, Geertz nos muestra una nueva forma del quehacer antropológico. El autor desafía los presupuestos clásicos de ésta ciencia y por medio de las narraciones de su trabajo de campo promueve una idea radical en su momento: observar los fenómenos antropológicos como textos.   Lo anterior nos invita a pensar en un cambio en la formación epistemológica sobre la cual se yergue la ciencia antropológica; el objeto de estudio deja de ser claro, definido e independiente del observador para ahora comprenderse como una entidad un tanto más difusa y formada a partir de la vista del estudioso de la cultura.

La anterior aseveración parece llevar la noción de texto a un extremo. Sin embargo, si consideramos al texto como todo aquello que puede leerse (Kristeva, 1967) veremos la presencia de lector implícita en el texto o al menos al lector en potencia. La presencia de la condición de posibilidad marcada por el verbo poder, nos indica una capacidad. El lector del texto se presenta de manera sigilosa en la definición del término, la categoría texto inmediatamente nos remite a quien puede cumplir esa condición de posibilidad que no es otro más que el lector. En otras palabras, el texto se considera como tal hasta que alguien lo lee.

Es así que al considerar a la vida como texto, o al menos al fenómeno antropológico, Geertz nos indica  que el investigador es quien puede lograr que una situación sea texto al ser capaz de darle una lectura a lo que observa. Entonces no hay fenómeno sin observador, el antropólogo es quien le da vida a su objeto de estudio al delimitarlo, nombrarlo y leerlo. Es así que encontramos que el trabajo antropológico se asemeja más a un trabajo de interpretación hermenéutica que al trabajo realizado en las ciencias exactas.

Sin embargo, una nueva propuesta epistemológica obliga a una propuesta metodológica. Debemos considerar que una nueva construcción epistemológica significa un nuevo horizonte interpretativo desde el cual se verá el mundo; el mundo se percibirá de manera distinta, se darán nuevas explicaciones y el conocimiento será construido desde otra perspectiva. Pero para lograr construir conocimiento hilado y coherente, tenemos que conocer los pasos a seguir. Un aparato metodológico  concordante con su epistemología nos permitirá llevar a la práctica sus propias nociones teóricas que de lo contrario resultarían estériles.

Si buscamos a lo largo del capítulo de Geertz, encontramos que la presentación metodológica  se realiza en los capítulos titulados “Ritual y cambio social: un ejemplo javanés” y “Juego profundo: notas sobre la riña de gallos en Bali”. Por medio de las narraciones de su trabajo de campo en Indonesia, Geertz nos muestra cómo él mismo llevó a cabo su nueva antropología.

El primer capítulo mencionado es una demostración de las fallas de las categorías analíticas usadas tradicionalmente en la antropología. Usando el ejemplo del funcionalismo, nos demuestra una falta de flexibilidad teórica en las categorías utilizadas por esta corriente. Al percibir a las sociedades como unidades biológicas estables, el funcionalismo deja poco espacio a la  capacidad de conflicto latente en cada grupo humano. Las formas analíticas son fijas y poco capaces de adaptarse frente a fenómenos que desafían las nociones de estabilidad y equilibrio.

Frente a la búsqueda incesante de equilibrio del funcionalismo, Geertz nos demuestra que la idea de texto es mucho más flexible al estar arraigada en una noción que separa interacciones sociales del sistema cultural. Si bien antes se percibía a una como reflejo de la otra, Geertz abandona esa visión y propone un modelo que permite las contradicciones entre sí. Una teoría que admite que la sociedad puede cambiar, ella misma es capaz de cambiar.

El texto entonces se divide en dos partes,  el  marco de referencia (sistema cultural) y las interacciones sociales (sistema social). Podríamos considerar esta división como en el fondo y la forma del texto.   El sistema cultural nos indica el cómo se dice y el sistema social se refiere a qué se dice. Lo verdaderamente innovador de este planteamiento es que forma y fondo se pueden contradecir sin afectar la validez del modelo teórico.

Vista desde esta perspectiva, la interpretación del hecho social dependerá de lo que observé el lector,  tanto forma como fondo están cargados de sentido. Nos encontramos con una teoría que presupone la multiplicidad de significados.  La interpretación cambiará si se considera el sistema cultural, el sistema social o ambos.  Nuestra lectura no será la misma si concebimos a la pelea de gallos balinesa como interacción social, como expresión cultural, como actividad económica o como todas estas cosas a la vez.

En el caso del juego profundo balinés, el contenido del juego está escondido en sus formas culturales. Algo así como que el recurso estilístico del texto esconde el mensaje mismo. La pelea de gallos es  el envoltorio de una interacción social mucho más profunda y cargada de sentido.  Geertz es muy claro en lo que respecta a su interpretación de la pelea de gallos, no importa el animal o las apuestas, lo que se juega ahí es el honor. Esto llega a tal grado que parece irracional que el balinés se enfrasque en esta actividad. La contradicción se hace presente cuando se nos explica que  la pelea de gallos es una obsesión en toda la isla.

Debo mencionar algo, en el caso del ejemplo javanés no es el mismo caso del juego balinés. En el primero encontramos una urdimbre de significados que  no concuerda con las interacciones, forma no corresponde al fondo. En el segundo, el significado de las interacciones que envuelven la pelea de gallos si corresponden entre sí, pero mientras el primer ejemplo buscaba  presentar las limitantes de las teorías antropológicas tradicionales, el segundo ejemplo busca ejemplificar la metodología propuesta en el libro.

La propuesta metodológica de Geertz es evidente en este caso. A partir de lo perceptible de la pelea de gallos, el estadounidense escarba por la superficie de los recursos estilísticos de la forma hasta que encuentra el sentido mismo, aquello que se dice. Todo este trabajo interpretativo es enmarcado  por aquello expresado por sus informantes, porque no hay que olvidarnos que lo que le da ilación a la cultura y a las acciones es la enunciación de los sujetos, comprendido como el actuar de cada uno de los participantes de la acción social.

De cualquier modo, desde mi punto de vista, la propuesta epistemológica de Geertz se sostiene.  Demuestra cabalmente la forma en que se puede llevar a cabo con limpieza metodológica y muestra sus ventajas frente a otros modelos limitados por su negación. Esto, como el mismo Geertz lo expone en la última parte del libro; se debe a un arraigo en la lógica aristotélica donde algo sólo puede ser ese algo. La ruptura con esta lógica, donde algo puede ser y no ser, abre múltiples posibilidades para la construcción de conocimiento. No un conocimiento fijo  que busca ser sólido, sino formas mucho más flexibles que permiten transformarse por medio de un diálogo permanente con la realidad. Lo único que falta es  nuestra narración como sujetos capaces de contar una historia, nuestra historia;  que seamos capaces de hilar, enunciar y leer nuestra realidad, y por medio de la interpretación, transformarla.

Bibliografía

Geertz, C. (1992). La interpretación de las culturas. Madrid: Gedisa.

Kristeva, J (1972). El texto de la novela. Barcelona: Lumen.

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