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Hermenéutica de las colectividades (fragmento de investigación)

jov Tal y como lo hacen Arato y Cohen (2000),  pretendo realizar una aproximación hermenéutica a la autocomprensión de los actores colectivos contemporáneos, con su identidad, objetivos, metas y estrategias. Si bien la percepción de Arato y Cohen parte de la observación de colectividades articuladas en movimientos sociales –la sociedad civil politizada- mi observación también considera la colectividad de los interpretes urbanos, la cual si bien no está completamente organizada si presenta ciertas prácticas comunes, si llegase a solidificar en mayor grado dichas prácticas podrían crear instituciones en términos de March y Olsen (1997).

 

La colectividad formada por artistas urbanos debe comprenderse como compuesta por subsistemas conformadas en torno a una disciplina estética-interpretativa. De tal  manera que músico callejeros no mantienen ni las mismas prácticas, ni la misma autocomprensión, obligando así a la una hermenéutica contextualizada a cada subsistema. Por el contrario, el grupo de sindicalistas presupone una organización más cercana a lo pensado por Arato y Cohen, aunque con sus asegunes; de tal forma habrá que considerar  que si bien un sindicato presupondría la articulación de la sociedad civil entorno a actividades laborales, la esfera dirigente, altamente politizada; estaría más cercana a instituciones y estructuras más cercanas a las de un partido político. Esto se considerará en el capítulo 5, por ahora basta haber aclarado estos puntos para considerar una hermenéutica anclada en el contexto y establecer ciertos mínimos para que en la interpretación no quepa todo, sino que de verdad haya ligámenes entre la interpretación y la experiencia empírica.

Habiendo advertido lo anterior, para Arato y Cohen (2000), lo que es nuevo en los movimientos sociales no es la manera de organización de estos, sino que representan formas de organización para nuevas identidades y nuevas colectividades. De esta forma reconozco nuevas interpretaciones  de formas teóricas de autoexpresión, los movimientos reinterpretan discursos anteriores. La multiplicidad de interpretaciones se hace presente, no hay una verdad absoluta, hay verdades que dialogan y acontecen entre sí. La visión tradicional se refiere a un movimiento social surge a partir del agotamiento y caducidad del orden social y de sus instituciones, que si bien  reconozco este agotamiento de formas tradicionales, acuso a la falta de referentes al discurso institucionalizado como detonador de movimientos sociales. Esto no presupone un agotamiento de formas institucionales, ya que las formas institucionales, marco referencial para la interacción social;  bien puede continuar incorporando nuevos discursos. Una nueva percepción, surgida de la interpretación de Arato y Cohen, refiere que los movimientos sociales no se articulan a partir del hartazgo de un orden social, sino que se originan en el surgimiento de nuevos discursos que redituarán en nuevas colectividades. El movimiento social es en el fondo, el ordenamiento de nuevos grupos que exponen su discurso en un mercado social para ganar adeptos y así  formar nuevas instituciones.

Touraine (cita) define a los movimientos sociales como interacciones orientadas normativamente entre adversarios con interpretaciones en conflicto y modelos societales opuestos de un campo cultural compartido. En el marco del mercado social,  son definiciones cuyos referentes  compiten por  el apoyo de los individuos para lograr hegemonía. Al respecto Arato y Cohen mencionan que:

Los grupos sociales contemporáneos pretenden  una  acción expresiva colectiva, es decir manifestar su discurso.  Pero un enfoque exclusivamente teórico en la creación de la identidad sólo sería paralelo a la tendencia de algunos actores contemporáneos a construir  sus propias representaciones ideológicas de las relaciones sociales como un principio organizador utópico para toda la sociedad y a igualar su desarrollo expresivo de la identidad con los intereses culturales de la lucha… de esta forma el campo cultural compartido por los oponentes. Potenciales institucionales,  del campo cultural compartido y no simplemente la identidad definida d un grupo en particular, comprenden lo que está en juego en la lucha.

Observamos tres condiciones: la relación entre interpretación discursiva y experiencia empírica, una hermenéutica de la realidad si se quiere;  de lo contrario, se caería en una ideologización demagógica y perene, esto sin olvidar la propia carga ideológica que presenta cada discurso, pero con un correlato con la dimensión empírica se traduciría en un discurso más sólido. En segundo término, encontramos una nueva interpretación normativa de las viejas formas presupone un código cultural común, por lo que no  rompe necesariamente el marco referencial postulado por la oficialía y nutre mercado social.

De esta forma, Arato y Cohen consideran que existe una realización de las colectividades por la creación de una narración de la realidad ad hoc a sus intereses y prácticas. Logrando de esta forma, comprometer a los participantes de sus colectividades, tanto a la articulación de sus prácticas como a la adquisición de adeptos en el mercado social. Al respecto los autores nos dicen que:

Sin embargo, es posible argumentar que el rasgo sobresaliente de los nuevos movimientos sociales no es que participen en la acción expresiva o afirmen sus identidades, sino que comprometen a actores que han adquirido conciencia de su capacidad para crear identidades y de las relaciones de poder implicadas en la construcción social de esas identidades. Los actores contemporáneos están interesados no sólo en afirmar el contenido de una identidad específica, sino también en los elementos formales comprendidos en la formación de identidad. Han articulado el principio formal de que todos deben de tener igual oportunidad para participar en los procesos del grupo por medio de los cuales se forman las identidades, y se han vuelto autorreflexivos en lo que se refiere a los procesos sociales de la formación de identidad.

De esta forma, la intención de participar en la construcción colectiva de un yo es clara. En nuestros casos, tanto sindicalistas como intérpretes urbanos deberían tener misma posibilidad de la construcción de su discurso. Sin embargo, tal  suposición indicaría que después de cierto grado de institucionalización todos miembros son iguales, posibilidad que elimina al considerarse una estructura rígida jerárquica, especialmente en el caso del sindicalismo que claramente presenta una estructura vertical. En el caso de os artistas urbanos, habría mayor posibilidad de estructuras horizontales, pero esto se verá  ligado a cada subcolectividad. Además, que Arato y Cohen asumen un grado homogéneo de interés, participación y conciencia crítica de cada uno de los integrantes de ambos grupos. Las entrevistas realizadas, indican lo contrario, habiendo diferencias en el manejo de los discursos institucionales, en el caso del sindicato; y protoinstitucionales, en el caso de los intérpretes.

Lo que salta a la vista ahora, es si acaso las colectivas presuponen en la creación de identidad, una  posible evasión del conflicto directo con respecto al discurso institucional. La reinterpretación de formas sociales discursivas supondría una agresión al discurso oficial, pero dada la existencia de un marco referencial común, misma tradición cultural; la interpretación no debería extrapolarse más allá de cierto parámetro interpretativo y además no supondría la búsqueda por la eliminación total de ciertas formas y valores. En tal caso, al resignificación, como ya lo he mencionado no es la eliminación de viejos registros, sino es adosar nuevas significaciones.

A partir de lo anterior, debemos considerar si cada nueva interpretación y por tanto discurso, supone un conflicto social; algo así como un  derecho de piso que debe pagar cada grupo social para presentar su discurso, en lo que se refiere  la reinterpretación de normas y formas sociales. Como ya lo he mencionado, la reinterpretación del registro  único y lineal contra multiplicidad de reinterpretaciones y múltiples significados; no tendría que indicar forzosamente un rompimiento violento  para la creación de nuevos significados y ni un  desafío para la construcción social de los límites mismos entre los dominios de la acción pública, privada y política. Una identidad colectiva específica dentro de una identidad social general, cuya interpretación ponen en duda.  La intención es democratizar instituciones en un sentido laxo del término y es que como lo veremos más adelante, el término supone una construcción discursiva mucho más amplia,  por lo pronto, con esto me refiero a que se admitan nuevas interpretaciones frente la interpretación oficialista del Estado, es decir poner en duda las estructuras de dominación surgidas a partir de un discurso dominante.

De acuerdo con Arato y Cohen (2010), la sociedad postindustrial genera nuevos espacios y nuevas fuentes  y formas de poder. Así como una cultura autoreflexiva. Las relaciones de poder y las estructuras de dominación están ancladas en la producción de conocimiento como forma productiva principal, la articulación de conocimiento y la propagación de este, es la matriz que guía a la sociedad postindustrial y modifica nuestras formas de autorepresentación.  Hay una disputa entre la estandarización super-especializada y tecnócrata  y la democratización  de cada esfera de lo social, admitiendo múltiples definiciones; esto  provoca una dislocación entre ambas experiencias. Esta es la razón de la importancia del arraigo de la interpretación hermenéutica en la experiencia empírica.  Por tanto,  la sociedad contemporánea se presenta a sí misma como capaz de producir su propio conocimiento, instituciones y formas sociales.  Lo que está en riesgo es que discurso, que modelo sociocultural, logrará institucionalizarse y generar prácticas comunes.

Marcela Gleizer Salzman en Identidad, subjetividad y sentido en las sociedades complejas (1997) se pregunta  ¿Cómo se enfrenta al hombre contemporáneo a las dificultades para dotar de sentido subjetivo a la experiencia? La complejidad  remite a un conjunto de eventos posibles, que se mantienen siempre como horizonte. Ante una diversidad de opciones, crear redes de relaciones menores, es lo que posibilita actuar y elegir, subsistemas en sistemas (Luhman).  La reflexividad considerada por Arato y Cohen surge de la concepción de la individualización como producto social. Las interpretaciones y las redes a partir de las cuales se le dará un significado simbólico a una experiencia, proceso comúnmente llamado individualización o subjetivación; es producto de las  interconexiones sociales. No es que la capacidad autónoma de elección de un hombre sea nula y  que en realidad sólo sea un reflejo de las elecciones colectivas;  a lo que me refiero es que la concepción misma del individuo  es un producto de la sociedad, además que la capacidad interpretativa de cada hombre, estará generada y nutrida a partir de su experiencia social.  Al fin y al cabo, el arsenal de códigos, signos y símbolos para  interpretar, es adquirido de manera social; no existen precogniciones anteriores a la experiencia social.  De esta forma, Gleizer Salzman nos presenta a la experiencia social de dimensiones tan complejas de asimilar e interpretar que tenemos que desmenuzarla en formas más simples y menos complejas para acceder a estas realidades. Encontramos nuevas formas de vínculos sociales, los cuales son más contingentes y condicionados a los posibles subsistemas interpretativos que puedan generar los sujetos sociales.

Gleizer Salzman menciona que estas redes de interconexión social o subsistemas estarán afectadas por  comunidades afectivas, muy cercano a lo que Tilly (2010) llama como redes de confianza, las cuales son definidas por él como “conexiones interpersonales ramificadas, establecidas principalmente sobre fuertes lazos, dentro de los cuales la gente pone recursos y empresas valoradas, trascendentales y de largo plazo ante el riesgo de las fechorías, los errores y los descuidos de los demás”. La articulación de redes afectivas o de confianza son campos de articulación semántica, existen una serie de códigos compartidos por sus miembros y las posibilidades de éxito aumentan si estas redes se adosan al cuerpo institucional de las colectividades (Tilly, 2010). Bien podemos suponer que en tanto las instituciones y prácticas estén basadas en relaciones de confianza afectivas, hay mayor probabilidad de supervivencia de un grupo. Lo anterior indica una transformación en la forma tradicional de constitución de las identidades individuales y colectivas, al menos en la forma en que se perciben a estas.  No estoy considerando a individuos  ajenos  que eligen discursos, sino a hombres contextualizados en una cultura específica afectados por redes afectivas de confianza.

 

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