Allá a donde queremos ir

Mi propuesta sobre la sociedad

La noción es simple: construir un puente rizomático -múltiple y multidireccional-  desde la filosofía delueziana, pasando por la construcción de acuerdos,  primero habermasianos  y luego luhmanianos; para finalizar en la formación comunicativa de la sociedad. Pareciera una tarea titánica, particularmente porque ninguno de estos autores tiene mucho que ver entre sí, al menos no de primera vista. Sin embargo, si parto de las consideraciones realizadas en mi trabajo de maestría, nos podremos dar cuenta que no es más que un mismo camino.

 

 Deleuze y Guattari ( 2000 ) establecen una cosa: el deseo produce  cosas. En Freud () el deseo produce metáforas; construcciones retóricas sobre la ausencia de algo. Algo más discursivo que ontológico. En Deleuze y Guattari (2000 ) el deseo crea la realidad; no es una simbolización de la ausencia como en Freud () sino que el deseo construye. Si deseamos algo se debe a que no lo tenemos, por tanto, lo creamos. El deseo funciona como motor de un proceso de producción. Siguiendo a Marx () los procesos de producción tienen una transición de artesanal a  industrial, de intencionado a automático. De tal forma que la producción generada a partir del deseo se vuelve independiente del hombre, es decir, del deseo mismo. Esto es, el capitalismo.

 

El deseo, en tanto producción, es máquina. ¿Por qué el deseo es máquina? La respuesta es muy sencilla: produce algo. Marx (1985) lo establece claramente:  la máquina es algo que sirve para producir plusvalía, o sea, crear valor. Deleuze y Guattari (2000) le otorgaría a la noción de máquina una íntima relación entre  aquello que produce, lo que se produce y los elementos del proceso de  producción. De esta forma, máquina pasa a ser un objeto a un proceso continuo entre deseo, producto y producir. La máquina no es el instrumento de producción, es el proceso de producción de algún valor.

 

¿Cómo se relaciona esta máquina deseante con la estructuración de lo social? En dos sentidos: primero, el deseo como motor de la producción generará ensambles de procesos estandarizados que producirán regularidades epistemológicas. Una máquina, entendida como procesos regulares, genera sociedad y conocimiento. De esta forma, máquina e institución son conceptos muy cercanos. Si recuperamos la definición de March y Olsen (1997), institución es un conjunto de prácticas comunes a un grupo de personas. La diferencia que tiene con la máquina deleuziana es la concatenación de procesos, al respecto, un conjunto de prácticas institucionales podríamos obtener una máquina; además que la institución por sí misma, no crea sociedad, ayuda a su cohesión pero no genera estructuración social que genera la máquina y además no establece conocimiento.

 

El motor para que un grupo de personas se constituya como grupo y luego maquinaria social, es la comunicación. Esto ya lo establecí en mi tesis de maestría. Raunig (2008) está de acuerdo cuando indica que la máquina  está cargada de comunicación. Primero en la interconexión entre las partes del proceso y segundo, en el devenir del proceso mismo. Es así que la máquina se comunica entre sus partes y produce comunicación. Es entonces, el motor de la producción, el deseo  de comunicar algo y al mismo tiempo su resultado es comunicación. Regreso por un momento a la definición marxista de máquina:  algo que produce plusvalía (Marx, 2010). Entiendo que plusvalía es un valor y la máquina se constituye como deseo de comunicar algo, entonces, ¿qué valor puede producir tal máquina?

 

Si recordamos que la máquina tiene dos momentos constituyentes, deseo y comunicación, la respuesta a la pregunta anterior es muy sencilla. El sentido, unidad básica de la comunicación, sería el valor producido en el vaivén de las partes integrantes de la máquina. El sentido no es más que una relación entre ausencia y presencia, el sentido es hacer presente algo ausente (Husserl, 2010). De tal forma que el sentido es una relación producida entre dos objetos, uno presente y otro ausente. Así que el sentido y el deseo nacen de la ausencia, de tratar de llenar el vació de alguna carencia. El primer momento del proceso de producción es desear algo, mientras que el segundo momento es expresar dicho deseo.  Parto de algo muy sencillo, primero hay un deseo de comunicar algo y después  se hace efectiva dicha comunicación. En ambos casos, la ausencia es algo esencial, la ausencia es lo que impulsa el deseo. Simple y llanamente, no tenemos algo pero lo deseamos y lo expresamos. De tal forma que el deseo es la latencia del sentido, digamos que deseo está en reposo y sentido está en movimiento. De esta forma encuentro coincidencia con la declaración de Deleuze y Guattari (2007), que indica que deseo es positivo y creador.

 

Ahora bien,  Deleuze y Guattari (2007) tienen una cuestión la ausencia. La idea del sentido como ausencia nos lleva necesariamente al modelo saussuriano del signo-significante, condicionado a una desterritorialidad de una de estas dos partes: alguna parte está presente y la otra no lo está. El punto con la máquina deseante es que es completa en sí mismo. El proceso de producción incorporara a cada una de sus partes, por lo que si bien el deseo como ausencia fue su motor en un primer momento, cuando se genera el movimiento y ano tenemos ausencia. El sentido, como interrelación de las partes de la máquina, termina por llenar cada una de las instancias del proceso y se vuelve autónomo.

 

De tal forma que el modelo de significación estaría más cercano al propuesto por Hjelmslev (1971) en el que hace diferencia entre contenido y expresión. Esto no es un abandono total del modelo saussuriano, por el contrario, es un replanteamiento del modelo entre significado y significante. Hjelmslev (1971) abandona  la subordinación del significado al significante. Con Saussure,  el primero invoca al segundo, mientras que con Hjelmslev (1971), ambos existen simultáneamente debido a una necesidad implícita en la que forma es fondo. De tal forma que la máquina es forma y fondo de su propia producción de sentido impulsada por el deseo.

 

Es así que la producción de la sociedad -realizada por la máquina social- tiene hasta el momento dos instancias: deseo y  expresión. Las siguientes dos instancias que encontraremos para la formación social serían los acuerdos y los sistemas. Los primeros se encuentran basados en una eticidad de lo que se comunica (Habermas, 2011). No es que la pragmática habermasiana caiga en idealidad al indicar que la comunicación debe ser ética. Habermas en realidad, nos hable del momento primigenio en el que la comunicación debe tener un correlato con la referencia empírica. Imaginemos las primeras sociedades humanas, en este momento, tendría que haber una ética, entendida como una condición fidedigna de lo que se expresa, de la cual dependería la supervivencia del grupo. La comunicación tiene que encontrar una condición ética al representar la realidad de mejor manera posible. Una vez que las sociedades, mediante su proceso de producción de sentido, se vuelven más sofisticadas y hacen diferenciación entre operaciones sociales, encontraos que el acuerdo se ha convertido en un sistema luhmaniano, diferenciado por una operación base con reglamentaciones y prácticas sólidas. De tal forma que la máquina social es el proceso por medio del cual la sociedad se (re)produce tanto material como ideológicamente. Cada máquina  generará un episteme específico para continuar sus propias relaciones de producción sígnica. Es de esperar que la máquina deseante y signica, no buscará  establecer nuevas relaciones al interior de sus partes para reestructurar su propia producción.

 

Nietzsche (2000) ya lo había establecido, la lógica dialéctica únicamente traduce la lógica de dominación a otra instancia de producción. El esclavo, en cierta medida, tiene asimilada la lógica de la explotación del amo, de tal forma que, aunque rompa sus cadenas; ejercerá la dominación como su amo lo hizo. La reestructuración dialéctica permite la herencia de la dominación sobre el dominado. Debido a esto, la máquina social debe generar nuevas instancias de producción. Es imposible olvidar todas aquellas viejas relaciones maquínicas de producción anteriores a las nuevas,  pero el replanteamineto de nuevas formas de la máquina me parecen más alejadas de la simple yuxtaposición entre tesis y antitesis marxistas. La cuestión es romper las viejas formas y crear nuevas.

 

Esto se logra por medio del sufrimiento que origina la crítica. Cada máquina social reproduce jerarquías de dominados y dominantes. Al estilo de Marx (1999), se necesita un ejército de explotados que servirán como alimento para la máquina. No me refiero del simple ejercicio de desempleados que el capitalismo necesita, por el contrario, me refiero a todos aquellos que se constituyen como otredad que servirá como punto de  identificación a partir de la identidad de la máquina social dominante. En tanto encontremos una dicotomía entre nosotros  y  ellos, es más probable que encontremos cohesión del grupo dominante. Más allá de la explotación,  pareciera que una de las condiciones de éxito para la constitución de la máquina social y su identidad, es la lógica amigo/enemigo de Schmitt (2010).

 

El sufrimiento genera crítica. Aquellos desplazados por la máquina social  se constituyen como quienes sufren, aquellas víctimas del proceso de producción y en cierta medida, el enemigo. Sin embargo, es desde esta trinchera que nace la crítica. Foucault (1995) nos dice que la crítica es el arte de la inservidumbre voluntaria y de la indocilidad reflexiva, es no dejarse gobernar de esta manera. Existe en Foucault una potencia silente que  nos llevará forzosamente a la praxis, la crítica, en tanto indocilidad, se debe realizar ya que alguien es dócil hasta que se vuelve indócil, la indocilidad está en la acción.  Van Dijk (1986) y Wodak (2003) también reconocerían tanto la condición del sufrimiento en la crítica como su dimensión práctica:

 

Más allá de la descripción o de la aplicación superficial, la ciencia crítica de cada esfera de conocimiento plantea nuevas preguntas como las de la responsabilidad, los intereses y la ideología. En vez de centrarse en problemas puramente académicos o teóricos, su punto de partida se encuentra en los problemas sociales predominantes, y por ello escoge la perspectiva de quienes más sufren para analizar de forma critica a quienes poseen el poder, a los responsables, y a los que tienen los medios y la oportunidad de dichos problemas (Van Dijk, citado en Wodak, 2003) 

 

Es así que se reconocen dos puntos en el argumento de Wodak. Primero, hay una concatenación inequívoca con la práctica. La crítica, parece ser la reflexión teórica llevada a la práctica. Reflexión siempre engarzada con  los problemas sociales más apremiantes. Por lo tanto, es una reflexión pensada como respuesta a una realidad. No es la universalidad de la ciencia, nos encontramos con un conocimiento acotado y específico para dar solución a cierta problemática.

 

Encontramos que el proceso se completa por medio de las siguientes instancias: deseo, expresión, acuerdo, sistema, sufrimiento y crítica. Esta última por sí misma no  crea nuevas formas maquínicas. Efectivamente, la crítica lleva a una resistencia hacia una forma de sociedad y de conocimiento en  particular, pero en sí misma no transforma las relaciones maquínicas. La crítica tendría que originar una nueva instancia: la contención[1]en términos de McAdam, Tarrow y Tilly  (2001). Ahora bien,  los autores usan el término en referencia a la política contenciosa, es decir:

 

Interacción episódica, pública y colectiva entre quienes realizan reclamos y los objetos de dichos reclamos cuando a) un gobierno es  al menos un reclamante, objeto de reclamo o una de las partes del reclamo y b) los  reclamos, si son cumplidos, afectarías algunos de los reclamantes o de las partes.

 

Mi aproximación llevaría la condición de contención a un grado más amplio y general. La noción de McAdam et al (2001) se encuentra circunscrita las condiciones episódicas de lo que  se denomina  generalmente como acción colectiva. Al respecto Tilly (1995) ubica a la acción colectiva como contenciosa y discontinua. De tal forma que lo contencioso es episódico y podríamos entenderlo como fuera de lo cotidiano[2].  De nueva cuenta, la noción de un episodio contencioso en la política no nos llevaría a un conflicto en la máquina social, esto es en la organización social y cultural.  Es así que la noción de contención debe ser elevada a un grado mayor. La contención debe ser a un nivel máquinico, en otras palabras, en un nivel de la producción societal. No es que la noción de contención de McAdam et al me parece errónea, al contrario, funciona para completar mi modelo; sin embargo, las necesidades teóricas de mi propuesta deben exacerbar el capítulo contencioso al grado que  estremezca a la máquina.

 

Ahora bien, el punto de mi propuesta es saber diferenciar  estos dos momentos, de una política contenciosa a una contención en la máquina[3]. Pues a mi parecer la producción simbólica material es la que puede ayudarnos a identificar uno de otro. Apoyándome en la noción de hibridación[4] me parece factible identificar cuanto nos enfrentamos a una contención de la máquina o una política contenciosa. En la hibridación se pone en juegos metáforas, signos, significados, símbolos y discursos; a medida que observáramos el desarraigo de la estandarización de la relación entre signo y significado, es decir, de la relación de sentido; estaremos, en teoría, presenciando indicios de la transformación de la relación de producción societal. En caso de que haya una transformación del sentido entre signos y significados pero que no haya pérdida de la estandarización de la relación signica[5] previa, indicaría que no hay estremecimiento de las relaciones de producciones sociales.

 

Lo anterior va más allá de lo que Tilly (1995) llama repertorio de acción colectiva[6]. No es una selección sobre la manera en que se hace el reclamo en la política contenciosa. En realidad sería algo más cercano a una construcción metafórica en los términos de Ricoeur (2001). Al respecto, podríamos decir que la metáfora es un acontecimiento del lenguaje (Ricoeur, 2001). La máquina produce su propio episteme y por tanto produce un lenguaje basado en las relaciones de producción, mismas que determinan la relación del sentido entre presencia y ausencia; aunque como ya lo habíamos observado, el devenir de la máquina social, mediante la estandarización y regularidad de formas; elimina la usencia por medio de una completitud en sí misma.. Las transformaciones en la máquina se podrán observar en el lenguaje maquínico, encontramos transformación en las relaciones de sentido; signos y significados no pueden ser los mismos. Si efectivamente nos enfrentamos a una contención de la máquina, su lenguaje deberá transformarse.

 

Al respecto debo realizar una aclaración. Si bien en la investigación de maestría que antecede este trabajo, me anclo profundamente en la constitución del mundo de sentido que nos explica Luhmann (2005). Esta noción luhmaniana nos dice que el mundo abierto por el lenguaje se cierne por sobre el mundo empírico.  Como continuación del modelo saussuriano, Luhmann establece claramente que el lenguaje es autocontenido bajo su propia lógica. No es que pretenda contradecir a Luhmann, pero me parece que la máquina social logra establecer una relación profunda entre praxis y episteme. Dado que la máquina deleuziana es el proceso de producción, ninguna de sus partes puede disgregarse y en realidad el proceso surge de la concatenación de cada instancia en la línea de ensamble. Pero no hay que olvidar que el sentido y lo empírico efectivamente gozan de sus propias reglas, únicamente que no se encuentran separados como loha propuesto Luhmann (2005).

 

El ligamen directo entre mundo del sentido y mundo empírico, refleja la relación entre praxis y doxa; relación que terminará siendo detonada primero por la crítica y después por la contención. De tal forma que cuando Tilly (1995) nos habla de un momento episódico que rompe con la estandarización y regularidad; estamos hablando del agotamiento de formar estructurales y sistemas que han formado  dicha regularidad. El punto es encontrar  las condiciones necesarias que producirán la contención y que marcará su éxito.  Este es el asunto neurálgico de mi trabajo, encontrar las condiciones de éxito en las que la contención puede generar una nueva máquina social. No es poca cosa, finalmente estamos hablando de la reconfiguración de relaciones sociales, inclusive podríamos hablar de la creación de nuevas formas de producción social. Con esto, estoy convencido que observamos el nacimiento de nuevos grupos sociales e identidades que pretenderán  establecer sus propias relaciones maquínicas.

 

La forma de construir la contención o de irrumpir la estandarización deberá ser de acuerdo al nuevo episteme que el grupo se encuentre formando. Retomo la consideración que en otro lado había hecho, la producción simbólica es testimonio de un discurso. Lotman (1992) nos dice que cada producción cultural-simbólica- es texto, idea que es apoyada tanto por Foucault (1996) como Kristeva (1971). A tal grado que son vestigios de la urdimbre de significados que es la cultura (Geertz, 1992). Observando al producción simbólica, bien podríamos reconocer los momentos de crisis de las maquinas que lo produjeron e identificar nuevas relaciones de produccion.  De nuevo, el punto clave es reconocer las condiciones que permitan estas nuevas reconfiguraciones, por lo que cualquier producción simbólica puedes ser tratado como un resto arqueológico.

 

Vemos pues que mi diálogo con McAdam et al (2001) no es el de la competencia entre dos aproximaciones teóricas, sino es en realidad una asimilación del repertorio de la contención para ubicar el momento en que dicho repertorio  trasgrede las reglas de sí mismo y nos deja presenciar nuevas estructuras de significación y producción de sentido. Al incoporar el modelo de  McAdam, Tilly Tarrow completo el proceso de formación societal en un dinamismo que tiene por objetivo comenzar el ciclo. El deseo termina con la contención que, en teoría, marcaría un nuevo  ímpetu de expresión y de generar acuerdos hasta la solidificación de estos en sistemas.

 

[1]Traducción del inglés contention.  que significa conflicto y disputa. Esta acepción del término ha caído en desuso en el español.

[2]Al respecto Tilly (1995) nos advierte que no hay una frontera clara entre lo que es cotidiano y lo que no lo es. La solución que propongo se basa en las regularidades estandarizadas del proceso maquínico de producción social. Es decir, toda aquel proceso fuera de la regularidad estandarizada dentro de un marco sociocultural particular, deberá ser entendido como contencioso.

[3]No sería una contención maquínica ya que esto indicaría que la contención es parte inmanente del proceso de producción social. Al contrario, desde el sufrimiento, crítica y contención, cada momento está desafiando la maquinaria social y a todas sus estructuras e instituciones.

[4]En mi trabajo de maestría definí hibridación como el proceso por el cual sujetos expuestos a múltiples significados, objetos y prácticas provenientes de diferentes contextos; son capaces de incorporarlos a su propia identidad por medio de una suerte de traducción, estableciendo así vinculo profundo que podríamos llamar  identificación.

[5]Me refiero a que la relación de sentido entre signo y significado se pierda casi en su totalidad. Cuando en un contexto  se use un símbolo que bien podríamos llamar extranjero, ajeno a dicho contexto,  y digo significado primigenio se pierda y permita reconstituir como un nuevo signo, estaríamos frente un indico de la transformación de las relaciones de producción social.

[6]Tilly (1995) define repertorio de acción colectiva como “conjunto limitado de rutinas aprendidas, compartidas, ejercitadas  mediante un proceso de selección más o menos deliberado”

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