Allá a donde queremos ir

La gente culta ve dibujitos

La Cineteca Nacional está presentando el ciclo Anime, animación de la posguerra. Del 17 de julio al 3 de agosto, podremos ver diferentes películas animadas japonesas.  Claro, se ha puesto de moda entre la gente culta ver animación. Independientemente que  el fenómeno pueda ser visto como positivo o negativo, si hay una focalización en las producciones de Studio Ghibli y de Hayao Miyazaki.  Desde que Sen to Chihiro no Kamikakushi o El Viaje de Chihiro, ganó el Oscar  en 2001, ha habido un nuevo entendimiento sobre lo que es la animación. De tal forma que los dibujitos ya no se piensan como exclusivamente para niños. Aunque esta forma de  ver las cosas ha sido cosa natural en Japón, en Occidente nos llegó hasta 2001. Es natural entonces, que  la vista se apuesta en el director y estudio que lograron tal apertura.

Ahora bien, todavía el gusto por el anime -animación japonesa- y manga -comic japonés- es bastante marginal. Al menos en nuestro país.  Si bien obras clásicas como Akira, Neon Genesis Evangelion y Cowboy Beebop  gozan de una fama especial más allá del fandom que podríamos ubicar como otaku ,  el gusto por el consumo cultural japonés sigue siendo bastante marginal y, perdonen la expresión, friki.  Aunque  pareciera que la cultura de lo geek y otaku ha ganando terreno, a propósito de otros productos culturales como The Big Bang Theory o la creciente explosión financiera de franquicias  mutimediáticas, muchas de ellas venidas desde las historietas;  aun encontramos cierta separación entre ver una película de Miyazaki que un anime  serializado. El segundo, aún  es  relegado por la gente culta.

Eso es lo que quiero desafiar aquí.  ¿Tiene más valor Chihiro a Neon Genesis Evangelion? La primera es de las grandes obras de Miyazaki, la segunda fue introducida al mercado mexicano por el canal Locomotion especializado en animación. Evangelion aun llegó bajo la estela de la caricatura infantil, mientras que Chihiro gozó el reconocimiento de ser parte de la obra de un genio validada a partir de la entrega de un premio. ¿Qué hubiera pasado si Chihiro hubiera sido serializada y transmitida por Tv Azteca los sábados? ¿Se consideraría como una obra menos magistral?  Es difícil de decir pero me parece que la percepción del consumo mexicano tiene que ver con la forma en que lo entendemos. Es decir,  algo que es para niños no puede ser revalorizado como algo enfocado a los adultos, no porque carezca de valor o complejidad, sino porque tenemos un armado de lo que significa ser adulto y ser niño, y por tanto, ya demarca ciertas conductas específicas como el consumo cultural.

Evangelion tiene una trama y una estructura narrativa compleja, con diálogos directos con textos como la Biblia e ideas filosóficas de la Kabbalah y sintoísmo en cada uno de los capítulos; termina siendo una obra que  debe ser completada por el público, al ser ellos mismos, quiénes deben darle una interpretación a lo que acaban de ver. Condición que se acentúa más en el final de la serie. Chihiro no juega con estos temas. Por el contrario, Miyazaki apuesta en la estructura narrativa dada al público.  La complejidad de Miyazaki es  la de la obra terminada y el genio creador. Si bien Hideaki Anno, creador de Evangelion, apuesta que el público le dé un significado con las herramientas que le ha dado durante 26 capítulos, Miyazaki se sabe genio y opta por relajar al espectador  y hacer lo que promete en el título de Chihiro, llevarlo  a un viaje mágico.  Miyazaki no intenta que  su público interprete, únicamente que abra los ojos y se maraville ante mundos fantásticos.

No es que una sea mejor que la otra, son trabajos diferentes que responden a la naturaleza de un medio en particular. La grandilocuencia del cine es más efectiva para mostrar mundos ajenos y fantásticos, mientras que la forma episódica de la televisión, otorga más tiempo para explorar argumentos que necesitan tiempo y espacio para madurar.  No es tan sencillo explorar ideas como lo divino o la naturaleza humana en un límite de dos horas. De igual forma, un mundo espectacular pierde  asombro al ser contenido en entregas de treinta minutos.

Si Miyazaki y Anno han elegido sabiamente los medios para sus obras, ¿por qué seguir  relegando a uno de los dos?  Aquí bien podría caber el argumento que nos  habla sobre la caja basura. La televisión como medio incapaz de construir ideas complejas y contenidos de calidad. Olvídense de la caja idiota que reproduce dominación, ya no hablo de la  Escuela de Frankfurt, hablo de incapacidades técnicas y narrativas propias del medio. ¿Y Game of Thrones, Lost, The Sopranos, etc.? Eso me parece más que superado por la práctica.

¿Por qué se discrimina al anime pequeño de TV  y al gran anime cinematográfico se aprecia? Regresando al punto,  me parece que tiene que ver con la forma en que conceptualizamos lo que consumimos. Así como las telenovelas son para amas de casa, el futbol para el padre de familia, los dibujitos son para niños.  Es aquí que entra una discusión que debería estar superada:  ¿toda animación es para adultos? La misma premiación en 2001 del Viaje de Chihiro probaría que ya estamos más allá de la pregunta. Sin embargo, parece ser que en el caso de los contenidos televisivos o al menos aquellos pensados para  un formato distinto al cine, la pregunta es válida.

Un domingo hace unas semanas veía Final de Partida con Nicolás Alvarado en el que se hablaba de Kaze Tachinu o Se levanta el viento, la tan anunciada última película de Miyazaki. No la he visto pero por lo que se comenta, es la más grande obra de Miyazaki. La pregunta salía a relucir, ¿la animación es únicamente para niños? La audiencia, un poco más versada en el tema que los presentadores a excepción de uno cuyo nombre no recuerdo; le contestaban por medio de redes sociales  indicando que hay animes altamente complejos enfocados a un público mayor.  La anécdota no pasa de ahí, pero me parece preocupante que en un programa de crítica cultural se pregunte una discusión que debería estar superada.  Y de nuevo recordé que seguimos siendo frikis.

En un mundo en donde, en teoría, los geeks han heredado la tierra, aunque no estoy del todo seguro de ello pues sigue habiendo estereotipos y generalizaciones;  el villamelonismo ha pegado más duro que antes. Dado que ahora ser geek es sexy, todos se dicen geeks y se suben al carro de la ciencia ficción, la fantasía y el anime. Está bien, no tengo objeción con eso, no estoy con mi esfera tratando de ser único y no me ofendo si se masifica mi gusto particular. Sin embargo, los accesos a los productos culturales tienen que ver directamente con el dinero. Así que si  se da preferencia a un producto, otro, necesariamente, se ve relegado. Así que cuando nos enfocamos principalmente a Ghibli y a Miyazaki,  estamos dejando de lado a un sinfín de  alternativas. Claro, no podemos darle gusto a todos.

Es por eso que tenemos que agradecer estos espacios como el ciclo de Anime presentado en la Cineteca. En toda la muestra hay varias joyas, pero quiero  llamar la atención a dos. No son las mejores pero si establecen un puente directo con animes serializados por tv. Hablo de Ginga Tetsudo 999 o Galaxy Express 999 (1979) y Wage Seishum no Arcadi o La arcadia de mi juventud (1982). Ésta última siendo precuela de Uchū Kaizoku Kyaputen Hārokkuo, mejor conocido en nuestro país como Capitán Harlock.  Tanto Galaxy Express como La arcadia de mi juventud fueron escritos por Leiji Matsumoto y empezaron en manga para después ser adaptados al cine y televisión. Desconozco si los curadores o programadores del ciclo reconozcan este hecho pero dan pie a revalorizar un poco más lo producido para el medio televisivo, dando pie a una discusión que nunca se ha tenido en nuestro país, ¿qué pasa con todos los contenidos perdidos de la tv? Y es que la naturaleza comercial de la televisión no ha permitido pensar en crear un acervo de todo lo que se presenta. Finalmente, todo programa que no funciona a nivel comercial, se retira y quién sabe que pase con lo filmado. En Europa, se  ha comenzado a generar acervos televisivos, en Japón se hace desde hace unos veinte años, en gran medido por tener otra comprensión de los medios y sus productos culturales. Imaginen por un momento, ¿qué sucedería con todo aquellos productos de consumo masivo que no son guardados simplemente porque no juntan rating o no llegan a venderse?

La cultura geek se basa profundamente en revalorizar aquellos productos que se consideran un tanto marginales. Pensemos un momento. Las historietas se percibieron como infantiles nunca hubieran sido percibidas como propias de algún valor cultura intrínseco y mucho menos dignos de ser  parte de un acervo. Lo mismo sucedería con la ciencia ficción y e inclusive con llamada alta fantasía -obras del corte tolkeniano-. La nueva percepción sobre lo geek y la industria multimillonaria que esto genera, da pie a pensar a guardar todo aquello que se está descartando. Darle una segunda vista  a lo que pensamos no tiene valor o es únicamente para niños. Sigue siendo parte de nuestra herencia cultural. ¿Qué dirá de nosotros si descartamos grandes obras  y ejercicios narrativos simple y llanamente porque pensamos que es  para niños o no recauda el suficiente efectivo?  Afortunadamente alguien en la Cineteca programó al Capitán Harlock.  Esperemos que la gente que vea su película se entere que es un anime serializado en TV y entienda que la gente culta también ve dibujitos.

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