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Negociación y Democracia: Analizando el Pacto por México desde el Método Harvard

Democracia y Negociación

Firma_de_Pacto_por_MexicoLa democracia se fundamenta en dos condiciones, primero, en la participación de los ciudadanos y segundo, en los acuerdos generados.  Según la teoría de la democracia, la  participación ciudadana presupondría necesariamente un mínimo de acuerdo entre los que van a participar (Sartori, 2000). Antes de hablar de gobierno, la discusión se centraría en el tipo de participación, quiénes pueden participar, en qué capacidad, entre otras cosas. Se observa pues, que antes de que la democracia sea democrática, existe un proceso de discusión y de gestión de acuerdos. A este proceso bien podríamos llamarle negociación. . Así pues, la negociación está presente antes de la democracia misma.

Pero, ¿qué es la negociación. Fisher, Ury y Patton (2012) lo definen de manera muy sencilla: un medio para  obtener algo de alguien,  una comunicación de ida y vuelta que genera acuerdos. Así pues, de acuerdo con esta definición, el acuerdo final es intrínseco a la negociación. Por tanto, si la negociación está presente en la democracia desde el momento en el que nace, el acuerdo siempre sería su resultado esperado.  En ese sentido la democracia sería la idealidad de participación ciudadana encaminada a generar acuerdos

Ahora bien, ¿en qué se basan esos acuerdos? Pues se tiene que observar detenidamente la razón por la que los ciudadanos participan.  De manera general se puede indicar que un ciudadano participa en su gobierno para resolver una necesidad, de ahí surgen los intereses. Entonces, la participación está dirigida por necesidades. Por tanto, los acuerdos son respuestas a necesidades específicas. Parece  razonable pensar que diversos individuos con necesidades similares se unan para  impulsar una misma causa, articulando en el camino, una organización política.

Hay una suerte de oferta soluciones y demanda de necesidades. En este mercado político, la sinergia es capaz de movilizar masas.  La negociación es la herramienta para encontrar soluciones. Es así que el sistema democrático bien puede considerarse como un mercado de ideas.  Se encuentran ideas y soluciones en competencia. Los partidos políticos  o cualquier tipo de organización política, buscan atraer votantes para enarbolar ciertas causas.

En un mercado de ideas, intereses y necesidades, la negociación es punto cable para elegir cuál de éstos, efectivamente se van a tomar como parte integral  de un proyecto político. Tal vez esto es lo más complicado entre el proceso democrático y la negociación que presupone. Habrá intereses y necesidades no representadas.  La democracia termina por ser antidemocrática al descartar intereses y necesidades. De toda la gama de exigencias que la sociedad tiene, únicamente las más exitosas en términos de convocatoria son los que llegarán a ser discutidos y considerados para generar acuerdos.

Negociación: de la práctica común a la esquematización.

En 1981, Roger Fisher y William L. Ury, ambos profesores de la Escuela de Leyes de Harvard;  publican el libro Getting to YES: Negotiating Agreement Without Giving In. EL impacto fue notable. En el mundo académico, el libro fue recibido como una singular aportación a la teoría de la negociación, mientras que en el mercado, fue uno de los mejores vendidos de la década de los ochenta. En todos los círculos académicos pertenecientes a las ciencias sociales, se comentaban el nuevo tipo de negociación que Fisher y Ury  proponían (Tobón, 1997).

A diferencia de las caducas estrategias de negociación, lo que proponían Fisher y Ury en su libro era establecer una victoria para ambas partes. Sin embargo, ¿es eso posible? La idea es sencilla, si consideramos las necesidades de cada parte, es decir, aquello que quieren lograr, sería fácil dilucidar un camino para tal objetivo. Sólo faltaría buena fe de los involucrados. Así de sencillo se puede resumir el libro de Fisher y Ury, no por ello se demerita el peso de la claridad en sus ideas.  Y aquí es dónde encontramos el acierto de los autores. En realidad, Fisher y Ury no encuentran una panacea en términos teóricos. No  le han dado al clavo o creado una nueva perspectiva epistemológica sobre la práctica de la negociación. Por el contrario, los autores únicamente verbalizan y esquematizan lo que muchas personas ya habían estado haciendo desde hace mucho tiempo: negociar de buena fe.

Se dice sencillo, pero separar la práctica y establecer pasos específicos para seguir una estrategia requiere mucha claridad mental y teórica. Y bien se podría mencionar que Fisher y Ury son científicos sociales en el más puro sentido de la expresión, son capaces de llevar un conocimiento cotidiano, de sentido común si se quiere; a un nivel de sofisticación al grado de articular un método. Inclusive se puede argumentar que tal método lleva cierta carga epistemológica e ideológica. Se requiere una perspectiva del mundo para entender la negociación como lo proponen Fisher y Ury. De tal suerte que en el método de negociación por principios, como le llaman los autores;  se encuentran una totalidad de presunciones sobre el mundo mismo y el conocimiento. Encerrado en los principios de la negociación de Harvard, encontramos nociones como la capacidad de dislocar un argumento de quién lo pronuncia, entender un hecho como completamente objetivo y asumir que se puede comprender a un otro. Aquí se encuentran profundas consideraciones filosóficas sobre la capacidad del individuo por entender la realidad y lo que lo rodea.

Esto es la genialidad de Getting to YES, ser capaz de articular una sofisticada guía de acción al negociar que presupone discusiones teóricas pero sin entrar a ellas necesariamente. Lo que recibe el lector es sólo el manual de acción, mientras que los debates sobre el mundo, el conocimiento y la realidad, son guardadas para otros momentos.  Tobón (1997) tiene razón al indicar que no es un método, es una aproximación en el más estricto sentido de la palabra pero trasciende el simple fenómeno de la negociación e involucra a la realidad misma.

Explicando el Método

El Método es bastante sencillo en realidad. Tobón (1997) identifica cuatro elementos básicos que funcionan a manera de mínimos para entablar la negociación: a) se deben separar las personas del problema, b) concentrarse en intereses y no posiciones, c) inventar opciones de beneficio mutuo y d) concentrarse en las condiciones objetivas del problema.  Es así que se estaría asegurando la manutención óptima de la relación con la contraparte (Fisher, Ury y Patton, 2012).

Si bien la primera y segunda edición del libro (1981 y 1991) proponen las anteriores condiciones, en posteriores publicaciones y seminarios, expanden  a siete el número de elementos básicos para la negociación, considerando ahora: alternativas[1], intereses, comunicación, relación, opciones[2], legitimidad[3] y compromiso (Fish, Ury y Patton, 2012).  No es que en la esquematización anterior, aquella de cuatro elementos únicamente, no se hayan considerado condiciones como la comunicación, emociones, relación, etc.;  sino que en las últimas revisiones del manual, se ha considerado que estas nociones deben tener una valoración determinada y es que estos puntos, en gran medida, condicionan la fluidez en la negociación.  Sin importar que elementos se tomen en cuenta, el método, implícitamente, está dirigido a la comprensión de la contraparte. De esta forma, se puede observar que la presuposición de los autores es que si se logra asumir cabalmente la posición contraria, se puede llegar a acuerdos  basados en empatía.

El problema se encuentra en la capacidad de las partes para confiar entre sí. Hablando en términos ideales, todas las partes deberían asumir total confianza en los involucrados y en el proceso mismo. La buena voluntad debería  permear todo el proceso. Sin embargo, por más que Fisher, Ury y Patton han buscado sistematizar esa buena fe, es prácticamente imposible conocer a ciencia cierta lo que sucede en las conciencias de los negociadores. Lo único registrable es aquello que se comunica pero detrás de las palabras, es imposible medir las intenciones. Este es el límite más claro del Método de Harvard, para su éxito, se debe conocer las conciencias de los participantes o al menos, esperar que actúen de buena fe.

Estudio de Caso: Pacto por México

Postura del Partido de la Revolución Democrática

Después de un complicado escenario electoral, resultante de los comicios de julio de 2012, en diciembre del mismo año, una alianza multipartidista conocida como Pacto por México, fue institucionalizada en el país. De acuerdo con García, García, Jiménez y Nieto (2013), el Pacto nació de la necesidad de la izquierda para permanecer relevante ante un gobierno opositor. Se puede suponer que el cálculo costo-beneficio por parte del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el mayor contendiente de la izquierda mexicana, o al menos la facción llamada Nueva Izquierda (García et al, 2013); trascendió posiciones ideológicas y se mantuvo en intereses prácticos. ¿Cómo se puede estar seguro de esto? García et al (2013) mencionan que otras facciones como Izquierda Democrática Nacional (IDN)  y la facción liderada por Andrés Manuel López Obrador terminaron por disentir del Pacto bajo posiciones ideológicas que redituaban en lo fáctico, como era el reconocimiento de Enrique Peña Nieto como Presidente Electo de México. De tal forma que López Obrador e IDN se mantuvieron en el nivel de las posiciones mientras que Nueva Izquierda eligió las necesidades inmediatas.

Lo anterior refleja una necesidad de reconocimiento de necesidades del otro. Es decir, el cálculo de Nueva Izquierda, presumiblemente, pudo haberse desarrollado en un ganar-ganar.  La ventaja  de esta noción se refiere a la capacidad de reconocimiento sobre necesidades e intereses de la contraparte (Fisher, Ury y Patton, 2012).  Despersonalizar, si se quiere, los intereses en juego y elegir las opciones óptimas para que ambas partes alcancen lo necesario (Fisher et al, 2012). En palabras del Fisher et al (2012), Nueva Izquierda eligió una negociación ganar-ganar.

A partir de la anterior premisa, se intuye la predominancia de los fines por sobre los medios. Sin caer en la desazonada y ultimadamente equívoca interpretación de Maquiavelo en la que cualquier método es válido, la negociación se considera como un simple tránsito entre necesitad y objetivo.  Las posiciones nacen a partir de necesidades (Fisher et al, 2012) el enclave de un diálogo desde éstas, estancará la comunicación por condicionar lo posible a la idealidad. Y es que, según Fisher et al (2012) las posiciones son elegidas mientras que las necesidades son aquellas condiciones intrínsecas anteriores a la elección. Es así que, al ver el resultado de la negociación, la existencia misma del Pacto por México; bien podríamos concluir el camino elegido por Nueva Izquierda fue que todas las partes ganaran.

Decididamente, si se habla de un ganar-ganar, tal y como este documento lo presume, se tiene que hablar del tipo de negociación inaugurada por el Proyecto de Negociación en la Escuela de Negocios de Harvard. Un método que pone el acento en formas prácticas. Dicho de otro modo, lo que importa es la resolución del conflicto y no el conflicto en sí mismo. De tal suerte que las necesidades, entendidas como problemas prácticos, se ven dislocados de cualquier plataforma ideológica (Fisher et al, 2012)[4].

Fundamentalmente, Harvard propone separación de la agencia con el proceso de negociación, pugnando por una formulación propiamente objetiva. No está de más indicar que se pugna por la despersonalización de la propuesta, el proceso de negociación como mecanismo de comunicación y de los objetivos. Es así que no se negocia con un sujeto sino con objetivos e intereses. De esta manera es posible generar el cálculo necesariamente objetivo, hecho que es el corazón de la propuesta de Harvard: la objetividad en el centro de la negociación (Fisher et al, 2012)

Ahora bien, la presuposición de Fisher, Ury y Patton (2012) considera la elección de este tipo de negociación,  basada en principios como los autores le llaman; como una elección racionalmente generada, vista como mejor opción a otras alternativas. En teoría, los líderes de Nueva Izquierda vieron sus opciones a no negociar  como peores a entrar al diálogo.  Se debe puntualizar que si bien Fisher et al (2012)  hablan de posiciones, no son posturas necesariamente ideológicas[5] pero a fines de negociación política, se considera relacionar posturas con principios ideológicos. De tal suerte que para hablar de una negociación objetiva, tendríamos que sacrificar ideología como lo ha puesto de manifiesto el Pacto por México y las diversas reacciones de las facciones al interior de los partidos, particularmente de la izquierda.

La ventaja al que los autores encuentran para alcanzar soluciones se debe a la claridad que su aproximación ofrece. Al no estar cegados por posturas, los participantes de la negociación se pueden enfocar a mecanismos mutuamente incluyentes y focalizados a  alcanzar metas. De tal forma que si lo observamos en el caso de estudio, el Pacto por México, propuesta originada desde la izquierda, al despersonalizar el problema y concentrarse en soluciones, trazó el camino para alcanzar metas. Las reuniones que dan cuenta García et al (2013), son el camino para encontrar soluciones prácticas a problemas entendidos como prácticos y no ideológicos.  Es así que por principio, los participantes enfocaron a encontrar soluciones satisfactorias para todas las partes.

Los resultados son claros, las reformas impulsadas en este sexenio pudieron ser alcanzadas por el estilo de negociación entendido como objetivo y práctico. Sin embargo, no se puede declarar un éxito rotundo. Si bien la política mexicana está caracterizada por un corte práctico, de tal suerte que no pudo haberse generado un mecanismo de gobierno como el Pacto, el cual no ha sido la única alianza de esta índole pero sí la más exitosa[6] (García et al, 2013); aún está marcadamente delimitada por nociones ideológicas.

Durante la segunda mitad del 2013, cismas al interior del Pacto rompieron negociaciones. De acuerdo con Jesús Zambrano Grijalva, presidente del PRD, en el caso de la reforma energética, el PRI y el PRD agregaron al documento puntos que no se habían discutido con anterioridad (Torres, 2013). La objetividad que había guiado hasta el momento las reuniones del Pacto, en este momento, habían sido cambiadas. Al parecer, las posiciones volvieron a tomar poder. No se está mencionado que decisiones de corte ideológico fueron tomadas, pero los negociantes, al menos de acuerdo con el PRD, se han atrincherado en su posición, provocando que las contrapartes hicieran lo propio.

En diciembre de 2013, el PRD deslindó del Pacto por México. Para el partido de izquierda los términos de las discusiones de las leyes secundarias de la reforma energética, así como de la reforma político-electoral que en el momento se discutían, fueron inaceptables y atendían en contra del Pacto mismo (Brito, Mercado y Villavicencio, 2013). En gran medida, el presidente perredista, Jesús Zambrano, denunciaba el proceso mismo de negociación. De acuerdo con Zambrano, las partes representando al Partido Acción Nacional (PAN) -la derecha mexicana- y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) -de centro derecha y actual partido en el poder- discutían las reformas excluyendo a su partido de la mesa de negociación ( Brito et al, 2013).

Independiente de las razones de expresadas por el perredismo para salir del Pacto, la retirada de la mesa de negociación es un fracaso. La inhabilidad por enfocarse en las soluciones prácticas y mantenerse en posturas que  ocasionaron desconfianza, fueron las culpables en la falle de comunicación.  La aproximación por posturas, que reditúa en desconfianza y finalmente en la ruptura del diálogo, podría considerarse como la culpable de la retirada de una de las partes. Debe mencionarse que de ser verdad lo que menciona Zambrano[7] el fin primordial, encontrar una solución enfocándose en condiciones objetivas;  ha sido desviado de nuevo por lo que se podría considerar como desconfianzas generadas de posicionamientos pasados.

Se percibe el estancamiento de un proceso de negociación debido, no a sucesos comprobables, sino a sospechas personales. Es decir, el supuesto termina por eliminar a las condiciones objetivas como base del diálogo. Es importante señalar que en tanto condición objetiva, únicamente lo que pueda ser registrado en el proceso mismo de comunicación, puede ser considerado como válido. Dicho de otra forma, la negociación depende de lo que ha quedado registrado en la negociación misma. La comunicación debe estar fundamentada en objetos comprobables y no al hasta el momento, Zambrano no ha aportado prueba alguna del juego sucio del que denuncia ser víctima.

Ahora bien Fisher et al (2012), también mencionan la intencionalidad de las partes como sustento de la negociación. La buena fe, debe permear en todo momento el proceso y debe ser la condición rectora en todo momento. Sin embargo, resulta poco probable estimar y evaluar las intenciones de los involucrados. La solución que Harvard propone no es más que enfocarse en el presente del proceso actual (Fisher et al, 2012). Si se llegara a desviar la mirada a sucesos anteriores, justo como se puede presumir ha sucedido en el Pacto por México, rencores venidos de acciones pasadas, terminan por romper lo construido. De nuevo, el estancamiento en la postura entorpece la construcción de acuerdos y soluciones

A últimas fechas, si bien el Pacto ha perdido su fuerza, aun está presente. Noventa y cinco acuerdos firmados entre las partes son prueba fehaciente de los resultados. (Montalvo, 2013). Además, las reformas en telecomunicaciones, educativa, energético y política, se aprobaron en gran medida a los diálogos al interior del Pacto. Aunque su futuro es incierto. El presidente del PAN, Gustavo Madero, ha declarado que el Pacto no está muerto y que se prepara un addendum ( Figueroa, 2014) aunque por su parte Jesús Zambrano ha indicado que el mecanismo está superado (Reyes, 2014).

El  futuro del Pacto es incierto, sin haberse reunido desde diciembre de 2013 (Figueroa, 2014),  no parece haber indicios de otras negociaciones cercanas entre las partes. De cualquier forma,  la experiencia de la conformación de un pacto nacional puede considerarse exitosa. La apertura para las negociaciones, en general, fueron las adecuadas al permitir gestionarse reformas y acuerdos estructurales. En gran medida, se considera, se debió a la estipulación de objetivos claros, en este caso, dar pie a las reformas planteadas. Sin considerar si tales reformas fueron positivas o negativas, la negociación, durante el año de vida efectivo del Pacto, puede considerarse a todas luces como un gran avance en el diálogo político mexicano.

En este sentido el Método Harvard puede considerarse como una aproximación efectiva si se considera este caso de estudio. Aunque tampoco se está aseverando que los participantes tuvieron en mente el Método en la conformación del Pacto. Lo anterior es inconsecuente  y es que aquí se ha buscado encontrar las condiciones mencionadas por Fisher, Ury y Patton, como mínimos para una negociación exitosa (objetividad, despersonalización de los problemas, olvidar las posiciones, enfocarse en  intereses e invertir en mutuas ganancias).  Si estas condiciones hayan o no existido en el esquema mental de los orquestadores del Pacto, no tiene relevancia, de alguna forma, los requerimientos fueron llenados. Y es que este es el éxito del Método Harvard, sin importar que los involucrados piensen activamente en lo estipulado por Fihser, Ury y Patton, el método propuesto está basado en consideraciones que bien podrían considerarse como sentido común, en tanto se piense en la contraparte y no se pretenda dañar la relación a futuro.

Postura del Partido Revolucionario Institucional

Enrique Peña Nieto, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) emergió victorioso de los comicios de 2012 en México.  En medio de acusaciones de prácticas fraudulentas e ilegales como la compra de votos, amaño de resultados y forzar el voto; Peña Nieto tomó posesión como Presidente de la República Mexicana, en diciembre de 2012. Desde el inicio de su administración, Peña Nieto,  ha sido acusado de  haber sido impuesto por los poderes fácticos en el país, siendo el más prominente el consorcio mediático Televisa, a quién además se acusa de haber creado una estrategia de posicionamiento entre el electorado desde su gestión como gobernador del Estado de México (Tuckman, 2012).

De acuerdo con la oposición, Peña Nieto ha desmantelado sistemáticamente al Estado de México (Comunicado 1375, Cámara de Diputados, 2014). Sus herramientas, serían las reformas que ha ido implementando con ayuda de ciertos sectores de la oposición. El gobierno de Peña Nieto ha logrado implementar reformas estructurales en el sector educativo, laboral, telecomunicaciones, político-electora y energético. Todo, en pro, indican sus detractores, de permitir capitales extranjeros y proteger a quiénes lo colocaron en la Presidencia ( Martínez Huerta, 2014).

Sin embargo, al margen de cualquier simpatía o acusación que se pueda tener  a la figura de Peña Nieto, lo cierto es que la presente administración ha sido capaz de negociar y acordar con la oposición, tanto de izquierda como de derecha. ¿Cómo ha sido posible? ¿Cuál ha sido su estrategia de negociación? Pareciera algo complicado pero tal vez resulte más obvio de lo esperador.

Ya se ha mencionado, Peño Nieto llegó a la Presidencia de México, el escenario parecía más que problemático. La naciente administración necesitaba un mecanismo de legitimación. En medio de acusaciones e impugnaciones sobre la legitimidad de los resultados electorales, Peña Nieto necesitaba establecer diálogos con sus contrapartes para encontrar dicha legitimación. Cuando los representantes de la izquierda, es decir, del Partido de la Revolución Democrática (PRD); se acercaron a Presidencia con una propuesta de pacto nacional, Peña Nieto encontró la oportunidad única  de construir puentes de diálogos para poner en marcha su proyecto de nación.

Si bien el PRI tiene la mayoría en la LXII Legislatura con doscientos siete diputados, no logra alcanzar la mayoría simple (Torres, 2012). Por tal motivo resultaba imperante el reconocimiento frente a la oposición. Se debe hacer hincapié en este punto, el reconocimiento buscado era frente a la oposición. Debido a los resultados electorales, la composición de la Cámara de Diputados,  obligaría al PRI a pactar para echar andar proyectos de leyes y reformas. Acción Nacional cuenta con ciento catorce diputados y el PRD con ciento un diputados (Torres, 2012).  La directriz en aquel momento era clara, encontrar una forma de entablar diálogo y para esto la contraparte debía estar  dispuesta de reconocer los resultados electorales.  Por tal motivo, aquí se estipula que no se está hablando de legitimación frente al pueblo o inclusive frente la ley misma[8], la validación  del Gobierno era necesariamente frente a su oposición para llevarlos a la mesa de negociación y construir acuerdos.

Ahora bien, es interesante mencionar que la propuesta de pacto viniera de una izquierda en detrimento y con miedo a perder relevancia como opción válida de representación entre el electorado.  Ambos intereses estaban puestos en la mesa. La Presidencia dispuesta a construir diálogos para impulsar sus reformas y el PRD buscaba  protagonismo en el escenario político nacional. El mecanismo de negociación resulta obvio.  Dejando cualquier tipo de formulación ideológica, particularmente a sólo unos meses de  la contienda electoral, ambas fuerzas políticas fueron capaces de traer a la mesa condiciones prácticas y objetivas para llevar a cabo la negociación.

Son claras las intencionalidades tanto de PRI como de PRD, resulta menos claro la relación entre  el Gobierno y Acción Nacional. De nuevo, Peña Nieto, necesitaba un frente un unido para ser capaz de generar reformas estructurales profundas. Sin Acción Nacional, la segunda fuerza en la Cámara de Diputados, no sería posible.  El cálculo de Peña Nieto fue claro, ceder un poco del poder reservado al Gobierno para crear una entidad de coalición. El Pacto por México, fue llevado al nivel de un cuarto poder, esto impulsado por el Gobierno mismo. El Pacto ayudaría a gobernar y a generar propuestas de reformas, administrando cierta cantidad del poder estatal.  A tal grado que las reformas, en gran medida, serían discutidas al interior del Pacto y después la discusión sería llevada a la Cámara de Diputados.

La estrategia fue articulada en las condiciones objetivas sobre lo que se puede lograr. De esta forma, la idealidad es alejada de la negociación y el proceso se enfoca en la formulación de soluciones.  El Gobierno tendría las reformas y la estructuración estatal que buscaba, mientras que PAN y PRD formaron parte del gobierno.  Es más, las condiciones de la negociación se establecieron en un presente que ameritaba  medidas urgentes[9]. De nuevo, cualquier base ideológica se vio superada por la necesidad de arrancar un proyecto político.

¿Qué tanto ganó y perdió cada parte? Es difícil de decir. Bajo el esquema de Harvard, la suma del cálculo debería ser cero. Es decir, cada parte tendría que haber recibido  tanto como hubiese perdido. Es decir, se tendría que estimar como iguales la aprobación de las reformas como el otorgamiento de una parte del poder estatal. Sin embargo, es complicado ponerle un peso específico a cada fenómeno. Tal vez, en retrospectiva, sea más funcional comprender el peso que cada parte tuvo que ceder.

Si consideramos que a últimas fechas el Pacto está perdiendo su impulso  y que además, participantes que lo impulsaron, como el Presidente del PRD, Jesús Zambrano; lo han declarado muerto, bien  podríamos estimar como ganadores a las facciones priistas, que dicho sean de paso, formaban una cierta mayoría entre los firmantes al estar representados como gobierno y partido.  El Pacto únicamente, hasta Agosto de 2014,  tuvo presencia importante en la política nacional por un periodo comprendido entre diciembre de 2012 a noviembre de 2013. Por tanto, se puede declarar que el Gobierno fue el mayor beneficiado,  logrando impulsar sus reformas estructurales  y sólo fragmentó el poder estatal por un año.

Postura del Partido Acción Nacional

El Partido Acción Nacional gobernó México desde 2000 hasta 2012. Se convirtió en el primero partido de alternancia después de setenta y dos años de continuos gobiernos priistas. Primero Vicente Fox (2000-2006) después Felipe Calderón (2006-2012). El primero, llegó a la Presidencia  con una mayoría relativamente cómoda, mientras que el segundo llegó en un disputado y controversial proceso electoral, muy similar al que se daría en 2012.

Después del furor de la alternancia, el PAN llegó a 2012 con una deslavada imagen producto de los retrocesos en la gestión de Felipe Calderón[10] (Morera, 2012). La prioridad era a reconstrucción de la imagen. De  saberse gobierno durante dos sexenios, ahora Acción Nacional era oposición. No le es desconocida esta posición. Durante su nacimiento, el PAN se había constituido como oposición y cuando llegó al gobierno tuvo más contratiempos que victorias. En 2012,  regresaba a una vieja posición pero en nuevos tiempos. El escenario había cambiado y ahora el pragmatismo en la plataforma política era el imperante sobre el elemento ideológico. El objetivo primordial sería la de una oposición dispuesta a establecer diálogo con el gobierno en turno[11], diferenciándose así de la izquierda quien, en un inicio, clamaba por la ilegitimidad del proceso electoral.

Ahora bien,  no es el primer acercamiento entre priistas y panistas,  Ackerman (2011) escribe que la relación entre ambos partidos  se remonta a más de veinte años. Según el autor, líderes panistas como Manuel Clouthier y Diego Fernández de Cevallos negociaron con el presidente priista Carlos Salinas de Gortari para ganar terreno político a cambio de estabilidad y paz social (Ackerman, 2011).  La alianza continuó, en 2000, Ernesto Zedillo Ponce de León, último presidente priista anterior a la transición; reconoció rápidamente la victoria del panista Vicente Fox a cambio de la continuidad de las políticas neoliberales iniciadas por Salinas de Gortari.  Y es que en gran medida, la alianza entre PRI y PAN, menciona Ackerman (2011),  tiene como objetivo apuntar al estado neoliberal.

De tal suerte que tanto los priistas de los últimos veinte años tienen cierto parentesco, si bien no ideológico, sí económico con un sector de panismo. Las negociaciones continuaron cuando muchos priistas abandonan la candidatura de Roberto Madrazo para sumarse a Felipe Calderón. Suceso similar ocurrió cuando panistas de la facción más dura, encabezados por Manuel Espino, ex dirigente de Acción Nacional, se sumó a la campaña de Peña Nieto (Balderas, 2012). Después de un breve distanciamiento en 2011 causado por el las elecciones estatales de aquel año -en algunas entidades PRD y PAN contendieron en alianza- la proximidad entre PRI y PAN regresó cuando panistas apoyaron a Peña Nieto y finalmente, el presidente panista en turno, Gustavo Madero, fue involucrado en la planeación de Pacto por México.

Pues bien,  pareciera que la estimación entre los objetivos de Acción Nacional no son del todo complicados. El acercamiento de las partes permitiría un canal de comunicación óptimo para trabajar en soluciones  mutuas. Sin embargo vemos la debilidad del método cuando sospechas  y  desconfianzas empiezan a surgir[12]. La comunicación se entorpece y el mensaje, entendido como el objetivo último de la comunicación, no llega a buen puerto. Se debe aclarar que no se espera que algunos de los involucrados conociera activamente el Método de Harvard. Pero la buena fe en la otra parte resulta complicado, más aún cuando existe una larga historia de acusaciones corruptelas. Ni siquiera una estructuración lógica del proceso, como lo es Harvard, podría superar aquellos sentimientos de desconfianza que albergan los involucrados.

Es claro que se puede hablar de desconfianza en la relación entre PRI y PAN, pero al mismo tiempo, sí asumimos como verdadero lo que indica Ackerman (2011), hay una larga tradición de ayuda mutua y soluciones entre las dos fuerzas políticas.  Inclusive se podría llegar a indicar que tanto Salinas de Gortari, Zedillo, Fox y Calderón honraron los pactos no dichos con el partido opositor. De tal suerte que la estabilidad política se garantizó durante más de diez años, o al menos el conflicto social no provino de ese sector de la oposición.

Probablemente Fisher, Ury y Patton (2012)  establecerían que el antecedente de buena voluntad existe en los mandatarios mencionados. Pero si la idea de la negociación es concentrarse en las necesidades actuales, el legado de trabajo entre panistas y priistas tendría que importar poco, así que ninguna ventaja se ganaría en esa memoria. Así como se eliminan obstáculos pasados, también se olvidan posibles ventajas

¿Cuál sería las ventajas y estrategias de negociación del PAN? Primero se tiene que observar  los objetivos ulteriores del partido. Se puede asumir que después de funcionar como gobierno, Acción Nacional debe encontrar su lugar como oposición siempre frente a un gobierno que le es familiar. De tal suerte que  no resulta ilógico pensar en buscar la mejor posición posible para aprovechar un repunte en las siguientes elecciones.  Para tal motivo, tiene que encontrarse en posición ventajosa frente la otra oposición. Aprovechando la cercanía entre PRI y PAN, éste último buscaría establecer lazos con el gobierno y estar dispuesto a formar acuerdos.

El Universal reportó una transición tersa pactada entre Calderón y Peña Nieto (Ramos y Reséndiz, 2012). Lo anterior indicaría un acercamiento previo entre ambas fuerzas, uno sabiéndose derrotado y el otro sabiéndose ganador. Es gracias al conocimiento objetivo de sus situaciones que se pudo haber acordado una transición sin mayores conflictos y empezar a preparar el camino para un sexenio en el que la oposición estaría cerca del gobierno .

Conociendo su situación, es seguro decir que el cálculo realizado por los líderes panistas los llevó a trabajar con la administración de Peña Nieto. Es poco probable que el PAN  eligiera  una alternativa diferente a negociar si puede asegurar un lugar privilegiado en la presenta administración. Tocaría entonces buscar el acuerdo más óptimo para todas las partes involucradas. De nuevo se percibe una dificultad teórica. ¿Cómo evaluar la opción más óptima entre todos los posibles acuerdos? Fisher, Patton y Ury (2012) muestran mecanismos un tanto anquilosados; por medio de escalas numéricas y, conceptualización de pérdidas  y ganancias, los autores buscan dar una respuesta pero la realidad es que la valoración de cada interés o de cada opción, remite a una a opiniones.

Aunque en este particular caso el Pacto ya se ha firmado, esto quiere decir que las opciones no tomadas poco importa y aunque se hubiera formulado la elección basándose en emociones y raciocinios personales, lo importante es que ya se ha tomado. Se considera más  apremiante enfocarse en las condiciones de legitimidad tanto al interior de la negociación como de los acuerdos generados. En este caso el Pacto por México resultaría ser un victoria en este sentido ya que se refiere a un documento vinculante. Aún así, no es garantía de respeto a la legalidad.

En gran medida eso fue lo que pasó en 2013. El PAN, después de obtener un lugar particular en la administración Peña Nieto, se aleja a partir de desconfianzas y acusaciones. El presidente nacional del PAN, Gustavo Madero, amenazó con abandonar el Pacto como respuesta a acusaciones de prácticas corruptas por parte del gobierno veracruzano de afiliación priista. Durante ese año, hubo catorce elecciones estatales, siendo Veracruz la primera entidad en vivir su proceso electorales. Se detuvieron a cincuenta y siete funcionarios acusados de malversación de fondos  federales para apoyo a candidatos locales (Sin embargo, 2013).  Madero anunció que si el gobierno no puede asegurar condiciones democráticas o al menos no impedir retrocesos antidemocráticos, el PAN abandonaría el Pacto (Sin embargo, 2012). Sin importar la decisión última de Acción Nacional, el Pacto terminó por disolverse, si bien no es de manera oficial, no hay constancia de nuevas reuniones en los últimos meses.

El PAN tiene asegurado un lugar en la administración de Peña Nieto. Es mayoría parlamentaria, así que si el gobierno quiere encaminar sus reformas estructurales, necesita al PAN, justo como lo ha hecho  hasta el momento. Peña Nieto y su gobierno, saben que el distanciamiento no puede ser duradero. Invariablemente, el PRI volteará a ver al PAN y éste último aceptará si es que quiere lograr ventajas frente a las próximas elecciones de 2018. Finalmente, para el PRI es mejor encaminar a un PAN que continúe sus propias políticas neoliberales que un proyecto totalmente diferente encarnado por el PRD.

Conclusión

Después de haber analizado el estudio de caso del Pacto por México bajo la óptica del Método de Harvard, se ha encontrado que efectivamente es un método y estrategia efectiva de negociación. Su éxito radica en articular conocimiento de prácticas comunes. No es que el método haya creado un nuevo mecanismo de negociación, simplemente estructuró los pasos para llevar a cabo una comunicación clara y concisa.

No está exento de problemas, sin embargo, es la manera más óptima de gestar acuerdos basados en los intereses de las partes y no en plataformas ideológicas.  El trabajo debe ser realizado siempre desde las condiciones objetivas de la discusión y encaminar el trabajo a  lograr soluciones conjuntas. Algo así como estructurar la buena voluntad en s negociación, aunque esto implicaría conocer las intenciones de los involucrados. Y es aquí que se considera la mayor debilidad con el Método de Harvard. No hay una forma comprobable u objetiva conocer las intenciones de las partes. Lo único que se puede hacer es esperar que la otra parte esté negociando de buena fe.

Lo anterior fue lo que terminó por disolver el Pacto por México. Las negociaciones continuas del Pacto, si bien empezaron con un ánimo de construcción de diálogos y acuerdos, terminaron por ser reemplazados por sospechas y acusaciones. No se establece si dichas acusaciones fueron infundadas o no, pero en un ambiente de desconfianza termina por modificar la negociación basada en principios, Método Harvard; a una negociación en donde el esquema mental de los participantes estima victorias y derrotas. Tal vez el Método no sea aplicable en un contexto tan complicado como la política mexicana, que si bien tiene gran parte de pragmatismo, muchas rencillas terminan por mellar el diálogo. Aquí no se establece que tales obstáculos sean producto de la base ideológica, sino precisamente de las intenciones prácticas de los involucrados que poco tienen que ver con los principios de sus partidos.

Bibliografía

Ackerman, J. M. (2011) El fin del PRIAN en Proceso. Extraído de http://www.proceso.com.mx/?p=280109

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[1] Los autores se refieren a las alternativas que los participantes tienen  a su disposición,  tanto al acuerdo que se está negociando como al proceso mismo de negociación (Tobón, 1997).  En teoría, la negociación debería ser la mejor alternativa en términos de costos-beneficios. Sin embargo, si aparece una opción que reduzca  los costos e incremente beneficios, deberá abandonarse la negociación.

[2] Se refiere a las opciones de posibles acuerdos

[3] También denominado criterios y se refiere a los criterios de legitimidad estipulados por terceras partes ajenas a la negociación que indicarán que los términos en los que se están realizado la negociación, son legítimos (Tobón, 1997).

 

[4] Muchos estarían de acuerdo que esta postura en sí misma es  ideológica al proponer un tipo de política orientada a fines y cálculos racionales. Véase el trabajo de William Riker.

[5] Fisher, Ury y Patton (2012) reconocen posición como el lugar desde el que se negocia. En la política, es razonable equiparar tal lugar a un posicionamiento ideológico.

[6] García et al, indican que el fracaso de otros intentos de pactos nacionales han sido entorpecidos por la desconfianza entre las partes. La presente estrategia de negociación supondría la superación de éstas enfocándose en resultados.

[7] Gustavo Madero y César Camacho, presidentes de Acción Nacional y del PRI, han mencionado que las acusaciones de exclusión del PRD en mesas privadas, son falsas.

[8] Tampoco se está especulando sobre la legalidad del gobierno de Peña Nieto.

[9] El enclave  que representó el proceso electoral resultó ser un punto de quiebre para la política mexicana que seguramente habría generado un cisma en las relaciones de poder entre los involucrados. Sin embargo, la necesidad pragmática por alcanzar resultados fue mayor.

[10] Al respecto se puede mencionar la desintegración de la paraestatal Luz y Fuerza del Centro, además de una fracasada guerra contra el narcotráfico sin estrategia clara. Aunque también se debe mencionar que Calderón logró estabilidad en la deuda pública, a inflación más baja de la historia y los Derechos Humanos alcanzaron rango constitucional (Aristegui, 2012).

[11] Cecilia Romero, Secretaria General del PAN, reconoció  a Enrique Peña Nieto como Presidente Electo y además, señaló que no había ningún tipo de cuestionamiento sobre el proceso de 2012.

[12] No se puede descartar las acusaciones hechas  por ambas partes sobre corrupción. En los dos partidos se han arrestado a funcionarios por lazos con el crimen organizado (Ackerman, 2011; Reporte Índigo, 2013)

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