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Fluxus

“Por lo tanto, el arte-diversión debe ser simple, divertido, no pretencioso, preocupado por las insignificancias, que no requiera habilidades o ensayos interminables, que no tenga valor ni institucional ni como mercancía. El valor del arte-diversión debe reducirse haciéndolo ilimitado, producido en masa, obtenible por todos y eventualmente producido por todos”

George Maciunas, Fluxus-Arte-Diversión, 1965

“El arte  ya no es un estilu emocional serio e importante, ni una tragedia sentimental, sino simplemente el resultado de la experiencia vivida y de la alegría de vivir”
Hans Richter, 1973

En esta entrada hablaré un poco del movimiento llamado Fluxus. Pues bien, antes de cualquier otra cosa, empecemos por el nombre. Fluxus significa flujo en latín aunque en realidad el  nombre completo del movimiento sería Fluxus-arte-diversión. Fue el movimiento más radical de los 60 y toma sus preceptos del manifiesto de George Maciunas  de 1965. La idea es ir en contra de toda elitización del arte, así como eliminar su condición como objeto de consumo. Pugna por un acercamiento del público al arte, la mutidisiciplina y la experimentación entre muchos medios. El arte, de acuerdo con este tipo de artistas, no debe ser aislado ni aislante, al contrario, debe entablar puentes de comunicación entre las personas. La brillantez del arte está en que tendría que expresar cosas complicadas de manera sencilla y en lo cotidiano. Se busca insertar el arte en la vida real alejada de los museos y del arte conceptual, así como tomar elementos cotidianos en el arte para, en las propias del manifeto, promocionar el arte viviente, el anti arte y promover la realidad no artística.

El ataque es en contra de todo arte que se aleje de la gente común y critican ferozmente la idea del artista como autor del arte. Fluxus tiene la firme pretensión de que todos pueden hacer arte, no únicamente aquellos que están involucrados en un sistema de control que se hacen llamar artistas.Es por esto que propician mucho los llamados Happenings, acciones en las que el artista  el publico se involucran en conjunto en una experiencia estética.  Al final, el arte debe tener la función social de comunicar a las personas. Por tanto, el arte aislado, intelectual y conceptual no sirve de nada.

Entre los exponente más renombrados tenemos a George Macuinas que en realidad era galerista y no artista pero que planteó los preceptos del movimiento, así como dio espacios para exposiciones. También está John Cage en EU, en Alemania tenemos a Wolf Vostell, en Japón a Yoko Ono, aunque hay muchos críticos que indican que Ono no realizó ningún aporte significativo al arte; y finalmente, el coreano Nam June paik, pionero del videoarte.

Aquí les dejo un video con diferentes ejemplos pasados y contemporáneos de arte-fluxus-vida. Todo lo que está en el video hay que entenderlo como maneras de provocar experiencias estéticas, no se trata de entenderlo sino de sentirlo

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El fotógrafo ciego

Conocí la obra de Evgen Bavcar, en español se pronuncia Eugen Bauchar, (1946, Lokavec, Yugoslavia) después de tener una entrevista con Benjamín Mayer Foulkes, director y fundador de 17, Instituto de Estudios Críticos. El Instituto estaba buscando a un project manager y yo había mandado mi CV,  fui a las oficinas  y al final la entrevista, Benjamín me regaló unos volúmenes de la colección Diecisiete, teoría crítica, psicoanálisis, acontecimiento que el Instituto había coeditado con CONACULTA.
El volumen 6 de la colección está titulado El fotógrafo ciego. Evgen Bavcar en México y está dedicado enteramente a la obra de Bavcar. Diversos autores escriben sobre la obra de Bavcar que no es únicamente fotográfica, sino que también abarca a la filosofía, y es que el antiguo yugoslavo, ahora esloveno, tiene una profunda obra sobre Adorno, Benjamin, Bloch y Lukács, particularmente en el campo de la estética. Ha escrito obras completas sobre Duchamp y lo que el llama el espíritu de la negación del arte que, de acuerdo con Bavcar, es el ímpetu que permea en el arte contemporáneo; además de escribir sendos ensayos sobre Picasso, Malévich, Modigliani y Kandinski.
En este volumen, particularmente el primer ensayo escrito por Benjamín Mayer Foulkes y titulado El fotógrafo siega, nos dice el propio Bavcar que él fotografía lo que imagina. Es decir, de acuerdo con él, “los originales están en su cabeza. Su labor consiste, entonces, en la creación de una imagen mental”(p.16). Continúa diciendo que hay una necsidad o deseo de imágenes intrínseco en todo ser humano, la cual provoca un:

Espejo interiorizado, speculum mundi, que expresa nuestra actitud hacia la realidad que yace fuera de nuestro cuerpo. El deseo de la imagen es, entonces, el trabajo de nuestra interioridad que consiste en crear, a partir de cada una de nuestras miradas auténticas, un objeto posible y aceptable para nuestra memoria (p. 16)

En otro ensayo, titulado El significante negativo de Evgen Bavcar escrito por Luisa Ruíz Moreno, comenta el artículo de Bavcar totilado Significantes invisibles en el que propone una nueva semiología que él llama semiología negativa, en la que incorpora un llamado significante invisible que no es más que una segunda parte del significante. Según Ruiz Moreno, Bavcar nos habla que significante cuenta con una parte positiva y visible, y otra parte negativa e invisible a la vista, que tiene que ser penetrada por otras experiencias sensibles (p. 142) Sólo así podremos llegar a la verdad completa,  a observar lo invisible en lo visible. Nuestro fotógrafo ciego  lo puede hacer por no distraerse con el significante positivo.

Todo el volumen es muy recomendable y tiene diferentes visiones sobre el trabajo de Bavcar. Además de que cuenta con recopilación de la obra fotográfica de Bavcar. Aquí les dejo la referencia completa del volumen: El fotógrafo ciego. Evgen Bavcar en México. Comp., de Benjamín Mayer Foulkes; trad., de Claudia Itzkowich Schnadower, Una Pérez Ruiz, Conrado Tostado, Nadxieli Trizar, fotos de Evgen Bavcar. México: 17, 2014.

Ulises Carrión

Hace unos años compré un libro titulado El robo del año, sobre la obra de Ulises Carrión. Aquí debo hacer un par de aclaraciones. Primero, el libro en cuestión no es libro común, yo diría que es lo que llaman libro-arte o libro de artista, cuya idea es que el libro sea una obra de arte misma. La editorial que lo publica se llama Alias y es una de editorial independiente mexicana que busca hacer otro tipo de libros como respuesta a los libros de producción comer. Hacen libros a mano y que tenga una relación directa el exterior con el interior del libro. son ediciones muy bellas y que surgen como una nueva tendencia en el panorama editorial mexicano. Si les interesa el tema, busquen a Taller Ditoria, Ediciones Acapulco, La Diéresis y Malpaís Ediciones.
El libro de El Robo del año en sí mismo está integrado por imágenes y ensayos de Ulises Carrión. Para quien no lo conozca. Ulises Carrión fue un escritor y artista conceptual. En su primera época, la de escritor, publicó dos colecciones de cuentos que fueron muy aplaudidas, tituladas La muerte de Miss O De Alemania, además de escribir varias obras de teatro. Inclusive, en su momento, se llegó a considerar como el nuevo gran escritor mexicano. Sin embargo, abandonó la literatura por completo y se dedicó al arte conceptual.

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Lo que nunca fue.

Piensas en lo que pudo ser. En lo que nunca será. La luz ya no golpea a las hojas amarillas otoñales. Es de noche y tú sólo das vueltas. Subes y bajas por los riachuelos que son las calles que parten los cerros. Siguiendo el camino de las cañadas, descubres escenas sólo para ti. Escenarios de otros mundos. Castillos en la punta de lomas que ven hacia abajo todo el reino. Percibes que hay algo en el aire, no hay formas de conocer ese olor a menos que hayas vivido y muerto en los intersticios de lo mexicano y de lo extranjero. A la orilla de un barranco y que domine una visión de casas construidas en las laderas de los cerros. Son formas de vivir distintas a las que alguien puede experimentar en Satélite. El norte  hay cerros pero todos tuvieron la sanidad de construir en los valles. Aquí no es así, hay lugares impenetrables para el pie descalzo, para quien no tiene auto y crees que eres afortunado de conocer el aire del poniente cuya fragancia sale de las casa de los migrantes afincados en México y que vuelve esa zona de la ciudad en una burbuja sin historia, sin pasado ni futuro y donde la gente sólo hace más que existir en el día a día.

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La nada como experiencia de trascendencia

 

Introducción.

¿La experiencia de la nada puede ser interpretada como experiencia de trascendencia? Esta es la pregunta que se buscará responder en este breve ensayo. El cuestionamiento surge de la preocupación de explorar una experiencia trascendental que no implique necesariamente a Dios. Reconocemos a la experiencia trascendental como una de las experiencias básicas del hombre  y debemos de entenderlo como  ser que busca la trascendencia[1]. Dicho de otra manera, en este brevísimo ensayo, buscaremos entender al hombre que busca una trascendencia y esta elección profundamente antropológica es la que guiará la argumentación y la respuesta que trataremos de dar.

Dice el filósofo japonés Nishida Kitaro[2] que experimentar algo es “conocer hechos tales y cómo estos son, conocer de conformidad con hechos renunciando por completo a las propias elaboraciones”[3]. De tal suerte que experimentar es conocer, sin ninguna forma mediata de concepto. El pensar establece categorías, con la experiencia pura[4] sólo se experimenta propiamente hablando sin hacer juicios o categorizaciones de cualquier tipo. Posterior a esta operación y una vez interiorizada la experiencia,  el sujeto se conforma y no de manera aislada en solipsismo de la razón, sino siempre abierto y en referencia con aquello que experimenta, ya sea otro sujeto, el mundo o cualquier otra cosa. La experiencia, diría Nishida,  es anterior al sujeto y al objeto mismo; la experiencia le da vida a ambos[5].

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El Saber y la Cultura

En este brevísimo comentario, nos daremos a la tarea de responder tres preguntas puntuales que nos parece, son el eje coordinante de la argumentación de Max Scheler en El saber y la cultura. Si bien en esta obra, Scheler se da a la tarea de matizar tres ejes temáticos: el hombre, la cultura y el saber;  se percibe, desde nuestra opinión; la totalidad del pensamiento scheleriano, o al menos, sus elementos más importantes. Percibimos en esta obra un trabajo en el que las piezas han embonado a la perfección, hecho que se vuelve complicado cuando se revisan títulos más específicos de la obra de Scheler como El hombre del puesto en el cosmos  y La sociología del saber. En El saber y la cultura, nos parece, que hay una suerte de vista panorámica en la cual el mismo Scheler nos indica qué lugar va cada pieza  y percibimos que el espíritu es la piedra angular de toda la argumentación e inclusive nos atreveríamos a extender el lugar del espíritu como el fundamento del pensamiento scheleriano. Por  último, en esta breve introducción, nos gustaría indicar que el espíritu, en tanto fundamento del hombre mismo, será el camino mismo para elevar al hombre en persona, por lo que en la obra en cuestión, Scheler nos explica la manera en que podemos participar de él, cuáles son sus manifestaciones y la manera en que podemos conocerlas. En tanto nos eduquemos en las cosas del espíritu  nos volveremos más humanos.

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Una forma de entender la sociología desde Scheler

Alfredo Poviña, en  La obra sociológica de Max Scheler[1], propone dos momentos del trabajo de Scheler, el primero, meramente filosófico, en el que trata temas como su ética, la filosofía del conocimiento y los fundamentos antropológicos del hombre. El segundo momento, de corte más sociológico, dejaría ver una preocupación por la constitución social del conocimiento y de la cultura. Poviña[2] establece claramente que el segundo momento es consecuencia directa los planteamientos del primero. En ambos momentos, la manera de experimentar el mundo y conocerlo establecería tanto los fundamentos mismos del hombre como de la sociedad. De esta manera la correlación entre filosofía y sociología en Scheler  se da por medio de una aproximación fenomenológica a la cuestión de la constitución del hombre visto desde una doble dimensión: como ser que conoce y ser que comparte ese conocimiento, esta última formando parte del proceso de humanización que Scheler  denominaría cultura[3].

 

El objetivo que se plantea este breve ensayo será contestar tres cuestiones puntuales desde la perspectiva del pensamiento de Scheler, entendiéndolo bajo la relación arriba mencionada entre hombre y sociedad. A saber, las preguntas  a contestar serán las siguientes: ¿cómo construye Max Scheler su argumento para demostrar qué significa el hombre?,  ¿qué significa para Max Scheler que el hombre se debe humanizar? Y finalmente, ¿qué tipo de saber necesita el espíritu para cultivarse?  Para contestar estas cuestiones se tendrá que remitir al entendimiento que Scheler tiene sobre la sociología:

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